Blog de Terapia Metabólica

ÁCIDO ASCÓRBICO CONTRA EL CÁNCER.

diciembre 1, 2016

Este artículo es un extracto del libro YO C! que se presentó el 15 de diciembre en el Centro de Terapia Metabólica del Cáncer. 

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La vitamina C, a la que en adelante me referiré indistintamente como “ácido ascórbico” o “ascorbato”, es un nutriente esencial, es decir, indispensable para nuestro organismo y al mismo tiempo imposible de sintetizar internamente a partir de otros substratos provenientes de la dieta, En otras palabras, dependemos de su aporte externo. Su intervención en nuestra biología es tan fundamental, profunda y generalizada en todos los niveles del funcionamiento orgánico, que su ausencia es incompatible con la vida.

Químicamente hablando, el ascorbato es un carbohidrato simple de seis carbonos -una hexosa- de semejanza estructural a los azucares pero que, a diferencia de la glucosa, contiene un inusual (y fuertemente reactivo) componente estructural llamado grupo ene-diol que le confiere ciertas características únicas, responsables de su rol central en la química biológica. Su rasgo más importante es su facilidad tanto para donar como para aceptar electrones del medio circundante. Esto se conoce técnicamente como sistema de oxidación-reducción o RED-OX, que, como seguro ya habrás asociado, sugirió el nombre comercial REDOXON® a alguien en la firma Roche, allá por 1934.

¿Qué diferencia los tejidos de una cabra viva de los de un pedazo de carne de ella misma, minutos después de ser sacrificada, cuando aún guarda intactas todas sus estructuras celulares? Desde el punto de vista molecular, una de las distinciones fundamentales entre los tejidos vivos y los no-vivos es un flujo ordenado y constante  de electrones. Desde este punto de vista, tener una abundante provisión de una substancia como el ascorbato presente en la materia viva, hace que este flujo y transferencia de electrones tenga lugar con mucha más facilidad y eficiencia. El ácido ascórbico actúa pues como una especie de facilitador o “lubricante’ electrónico para la maquinaria biológica.

Durante el proceso de evolución de los animales vertebrados, y finalmente, de los mamíferos, la Naturaleza encontró el modo de emplear el ácido ascórbico para mantener un grado de equilibrio fisiológico en las células y los tejidos formados por estas. Así, cada vez que surgen situaciones estresantes que perturban la homeostasis o equilibrio orgánico de un ser vivo, el ácido ascórbico es producido por este en cantidades proporcionales para garantizar la vuelta a la normalidad. La cantidad de ácido ascórbico que se sintetiza debe ser proporcional a la severidad del desequilibrio (ya sea este producido por un ataque de origen tóxico, traumático, climático, bacteriológico o emocional) y, si se llega a generar suficiente cantidad a suficiente velocidad, el organismo animal será capaz de sobrevivir a los destructivos efectos del estrés biológico.

Casi todos los animales superiores están equipados para producir su propio ácido ascórbico, consecuentemente, toda agresión desencadena la síntesis de cantidades cada vez mayores de vitamina C para reemplazar la que se destruye en la lucha por mantener el equilibrio. En el hígado de casi todos los mamíferos se genera de forma ininterrumpida, la cual es vertida a la corriente sanguínea. Otro tanto pasa con las aves, los anfibios y los reptiles, solo que en estos el sitio de síntesis es el riñón.

Lamentablemente, los humanos no poseemos esa capacidad ya que en el proceso de evolución se inactivó el mecanismo enzimático que fabrica la preciada vitamina C. Como se explicó, eso es precisamente lo que significa el término esencial aplicado a un nutriente: debemos obtenerlo por medio de la alimentación debido a nuestra incapacidad de sintetizarlo a partir de substratos presentes en el cuerpo. A esto se agrega el hecho de que no hay depósitos de ascorbato en nuestros tejidos y que cualquier suplemento, no importa cuán abundante sea, es rápidamente excretado a través de la orina. Esto es necesariamente así para todos los micronutrientes hidrosolubles (como las vitaminas del complejo B). Aun bajo continua suplementación oral, incluso al límite de la tolerancia gastrointestinal, el cuerpo entero de un individuo de peso promedio no llega a alojar en sus tejidos más de 7 u 8 gramos. De esto se desprende que, para un estado celular óptimo, se requiere un aporte no solo abundante sino continuo. Este constante déficit de ascorbato, genéticamente determinado, se denomina hipoascorbemia y es la causa de que los seres humanos padezcan enfermedades casi completamente inexistentes en las especies con organismos capaces de sintetizar su propio ácido ascórbico según lo necesiten, en particular aterosclerosis, enfermedad coronaria y cáncer.

Algunos efectos del ácido ascórbico.

Unos de los atributos más notables del ácido ascórbico es su completa ausencia de toxicidad, incluso cuando se toma en altas dosis y durante largos periodos. Esta, querido lector, es una magnífica noticia si se tiene en cuenta que el ácido ascórbico:

  1. Tiene un efecto letal sobre bacterias, virus, parásitos y hongos.
  1. Destruye las células cancerosas de múltiples orígenes (en muy alta concentración).
  1. Garantiza una adecuada formación de tejido conectivo, beneficiando a la piel, los huesos, las encías, los pulmones, el hígado y demás órganos, así como el Sistema Nervioso Central.
  1. Inactiva los radicales libres del oxígeno (ROS), cuyo efecto oxidativo deteriora, envejece y destruye sensibles estructuras celulares, ocasionando numerosas patologías celulares.
  2. Cataliza la síntesis de neurotransmisores.
  3. Activa varias enzimas reguladoras de importantes reacciones, como la digestión y posterior procesamiento bioquímico de carbohidratos, grasas y proteínas.
  4. Tiene un útil efecto regulador sobre la insulina, siendo además imprescindible para las personas que padecen diabetes si se pretende evitar los destructivos efectos orgánicos de esta, tales como mala cicatrización, deterioro arterial, trastornos de la retina y muchos otros.

Sumado a todo esto, podemos además estimar su valor o tener una medida de su importancia observando la concentración relativa de ácido ascórbico en las zonas más vitales. Un análisis químico de nuestros diferentes órganos revela que la vitamina C se halla en concentraciones más elevadas en aquellos tejidos que tienen una mayor actividad metabólica. Como era de esperar, el cerebro, los ojos, los testículos u ovarios, la hipófisis, las glándulas suprarrenales, son los primeros en la lista. Las glándulas suprarrenales en especial, productoras de varias hormonas importantísimas, sufren un descenso catastrófico en sus niveles de ácido ascórbico cada vez que hay traumas físicos, químicos o psíquicos.

Una nueva y más evolucionada forma de medicina individualizada ya está entre nosotros, a la cual bien podríamos denominar Medicina Integrativa de Precisión. Se trata sencillamente de una necesaria síntesis de todas las formas de medicina anteriores, del procesamiento colectivo de la experiencia clínica y los hallazgos científicos de miles de creadores. Grandes innovaciones emergen con velocidad exponencial, desde ingeniería de tejidos por medio de la implantación y modulación de células madre pluripotenciales hasta la inyección endovenosa de microscópicos robots reparadores (nanomedicina). Con todo, aun en este promisorio futuro nuestra dependencia del ácido ascórbico seguirá siendo un rasgo central de la biología humana, y los beneficios de la suplementación con dosis suprafisiológicas de este y otros nutrientes esenciales continuará abriéndose paso en la cultura.

Con la emergencia continua de innovaciones disruptivas, y la crisis global de los sistemas médicos como MediCare y MedicAid, es claro que una verdadera revolución está por tener lugar en las ciencias biológicas. Pero las transiciones de un paradigma viejo a uno nuevo nunca ocurren suavemente, y por alguna razón, son diez veces más encarnizadas en el campo de la salud. Sucede entonces que –como pasa con toda revolución científica los nuevos conocimientos de vanguardia, radicalmente diferentes al decadente paradigma en retirada, tardan en abrirse paso al encontrar invariablemente una resistencia del establishment. Mientras tanto, la posibilidad de suplementarse con agentes nutracéuticos (micronutrientes usados en rango farmacológico) está ya mismo al alcance de todos.

La vitamina C (ácido ascórbico o ascorbato) es uno de los muchos nutracéuticos cuyas formidables propiedades –e inocua naturaleza- son casi demasiado buenas para ser ciertas… ¡pero lo son! En el libro YO C! aprenderás porque hay que suplementarse varias veces por día con ácido ascórbico, empleando cantidades considerablemente más grandes que las que recomendaba la medicina oficial de principios del siglo XX.

No dude en inscribirse a la presentación del libro: Inscripción al Evento

 

 Ernesto Prieto Gratacós.

 Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

 Licencia Creative Commons

 Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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