Blog de Terapia Metabólica

EL MITO DE LA DIETA ALCALINA.

Errores Conceptuales y Seudociencia en Oncología.

marzo 1, 2017

Existe un recurrente mito en nuestra cultura, el de la dieta alcalina, que se basa en la falsa premisa de que el origen de las células cancerosas es la acidez de un tejido. Este origen supuestamente acídico de las células cancerosas parece tener su remoto inicio en la constatación de que el pH de los tumores es ligeramente más bajo que el del tejido normal circundante.[1] Esta ligera acidez es un obvio resultado del metabolismo tumoral, no una causa. Sería como admitir que el monóxido de carbono que emana del escape de un auto es la causa del funcionamiento de su motor, cuando en realidad la causa es la ignición del combustible dentro de la cámara de combustión interna. El monóxido de carbono es una excreción que resulta de dicho proceso, no su causa.

Análogamente, es bien conocido que para obtener su energía las células de todo tipo escinden la glucosa en dos moléculas de ácido pirúvico, procediendo normalmente el piruvato a ingresar a continuación al ciclo del ácido tricarboxílico (Ciclo de Krebs), o bien, en el caso del metabolismo tumoral, seguir otra ruta alternativa que es la fermentación: su conversión en ácido láctico. La generación de ácido láctico, producto terminal del metabolismo tumoral, explica ese ligero descenso del pH intratumoral, pero de ningún modo puede considerárselo la causa del cáncer.

Si la acidez fuera la causa primaria del cáncer, bastaría entonces agregar regularmente algún ácido débil a un tejido sano en cultivo, o bien al sistema circulatorio de un animal para generar, siempre y en todos los casos, cáncer. Nada de esto sucede en realidad. Por cierto, la pueril hipótesis de la acidez deja sin explicar por qué entonces los tejidos necesariamente ácidos como el estómago (pH=2), la vagina (pH=4) o los músculos en ejercicio intenso (pH+6) no generan cáncer de manera automática y continua.[2]

Para hacer aún más bochornoso el asunto, adquiriendo un matiz aun mas seudocientífico, los sitios web que promueven tratamientos alcalinizantes “citan” de modo regular a Otto Warburg como fuente de este concepto. La cita –groseramente falsa ya que Warburg jamás declaró tal cosa en ningún ensayo ni libro científico-[3] reza por lo común algo así: “Ninguna enfermedad, incluida el cáncer, puede suceder en un ambiente ácido…” “Otto Warburg, premio Nobel por el descubrimiento del origen del cáncer” (sic). Esta frase, errada en todo su largo, ilusiona a muchas personas bien intencionadas (pero irreflexivas) que se apresuran entonces a compartir en las redes sociales la extraordinaria noticia.

Pretender que la acidez es la causa primaria del cáncer y, más aun, que alcalinizar o elevar el pH del organismo por medios estrictamente dietéticos detendría la reproducción de las células cancerosas es una hipótesis defectuosa y sin fundamento en la práctica clínica. Además, como veremos de inmediato, si realmente tuviera algún efecto terapéutico llegar a alcalinizar el interior de un tejido tumoral esto sería imposible de lograr de modo sostenible debido a los sistemas homeostáticos del organismo.

Con cierta amargura debemos confesar que la idea de manipular de este modo el medio interno nos pareció interesante hace ya casi diez años. No porque la acidez cause cáncer, sino porque existía alguna evidencia de que –al menos in vitro- la acidez de un microambiente tumoral con células neoplásicas muy indiferenciadas, fuertemente fermentativas, parecía facilitar la degradación de la matriz extracelular.[4], [5]

Ya habíamos tenido moderado éxito con la administración de bicarbonato de sodio oral a atletas para contrarrestar la fatiga muscular en el ejercicio intenso. Pero la biología tumoral es torcidamente distinta de la del músculo y nada en la literatura científica nos hacía suponer que tratar de este modo el cáncer –in vivo- tuviera fundamento. De hecho, nuestro equipo médico ha recibido con los años, numerosos pacientes que venían de tratarse con alguno de entre las decenas de métodos alcalinizantes, todos inútiles, incluyendo la inyección (en un paciente proveniente de Italia) de una solución de bicarbonato en la vena femoral.

Los sistemas buffer del medio interno.

Nuestro cuerpo opera continuamente dentro de estrechos márgenes de equilibrio ácido-básico, siendo el pH fisiológico de 7,4 (oscilando apenas ±0,06).[6]  El mito de la dieta alcalina tiene dos aspectos: el primero, es que la acidez causa cáncer (lo cual es falso), y el segundo, es que cierta dieta especial puede “alcalinizar” el medio interno (lo cual es irrealizable). El pH o concentración de protones (H+) en el medio interno, es ferozmente defendido por tres sistemas amortiguadores o tampones fisiológicos, que mantienen constante el equilibrio entre ácidos y álcalis en la sangre. Por fortuna, ninguna clase de dieta podría alcalinizar o acidificar sensiblemente el medio sanguíneo tanto como para destruir bacterias o células tumorales ya que, para lograrlo, inutilizarían a la vez cientos de biomoléculas funcionales del cuerpo. Proteínas cruciales como la mioglobina se desnaturalizarían irreversiblemente con cambios amplios de pH.

Como es sabido, existen tres clases de tampones o amortiguadores químicos: las proteínas de la sangre, el buffer fosfato (que involucra a los riñones) y el buffer de bicarbonato. Un amortiguador químico consiste en la presencia, dentro de la solución, de un ácido débil y su base conjugada. Es de este modo que dicho par en equilibrio es capaz de asimilar incrementos o decrementos de ácidos o bases a la solución, manteniendo con ello estable la concentración de protones en ese medio.

Todas las perturbaciones ambientales -alimentación, ejercicio, fármacos, hiperventilación, etc.- son inmediatamente compensadas por este sistema buffer.

 

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Fig.  Si nuestro medio interno constara solo de agua pura (cuyo pH es 7) y agregáramos un ácido –por ejemplo ácido acético- deprimiríamos bruscamente la curva de pH debido al masivo incremento de protones (H) en el medio. Sin embargo esto no sucede en el cuerpo. La sinergia del conjunto de los buffers fisiológicos estabiliza constantemente el pH, compensando sin cesar las perturbaciones provenientes del medio ambiente.

Tanto con la dupla ácido carbónico/bicarbonato, como con la de ácido fosfórico/fosfato, los excesos de ácidos o álcalis que ingresen al medio interno serán asimilados por el buffer, y reconvertidos hacia la reserva de uno u otro compuesto de la dupla. Ej: 

                 H2PO4-  ↔  H+ + HPO4-2

Está claro entonces que los sistemas que no están constituidos por agua pura, aquellos que cuentan con una solución buffer (¡como los organismos vivos!) poseen una suerte de amortiguador fisiológico que sostiene el pH dentro de apretados márgenes. Es dicho sistema quien tiene la misión de proteger a las importantes biomoléculas, sensibles a los cambios del pH, el que hace impracticable el intento dietético de “alcalinizar” la sangre para combatir la “acidez tumoral”. Al mismo tiempo, los componentes y cantidades de dicha dieta –por ejemplo jugos de frutas- generan intensos picos glucémicos que sí avivan directamente el metabolismo tumoral, de lo cual hay abundante evidencia.[7]

Incidentalmente, la dieta de los Inuit, los Yupik y los Maasai Mara, intensamente investigados por la Antropología Médica debido a la inexistencia de cáncer entre ellos antes de la llegada de la civilización europea,  ha sido casi exclusivamente basada en carne y grasa por los últimos 40,000 años. ¡Alimentos prohibidos en la dieta alcalina![8]

La acidez derivada de la producción de ácido láctico es un importante signo de que el metabolismo tumoral es anormal, ya que delata la naturaleza anaeróbica de la intensa glucólisis e inmediata fermentación de la glucosa por parte de las células transformadas. A fin de cuentas, es gracias al PET (Tomografía por Emisión de Positrones) que sabemos que el rasgo central o factor común de las lesiones neoplásicas es la intensa captación de glucosa o hipermetabolismo, puesto que estas captan ávidamente el radiofármaco usado en esta prueba: 18-fluorodeoxiglucosa.[9] Algunas enzimas degradativas –cuyo ambiente óptimo de funcionamiento es acídico- parecieran contribuir a la progresión tumoral.[10] Pero, ¿es terapéuticamente explotable el hallazgo?

Es posible que, si eventualmente encontramos un modo farmacológico de revertir la acidez del microambiente tumoral, algún beneficio clínico pueda obtenerse por este medio. Sin embargo, este procedimiento deberá ser un acto médico estrechamente controlado por expertos ya que, la necesaria intensidad y duración de esta intervención farmacológica la vuelve un procedimiento de riesgo.

 Ernesto Prieto Gratacós.

 Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

 Licencia Creative Commons

 Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:

[1] In vivo imaging of extracellular pH using 1H MRSI. Sluis, R.; Bhujwalla, Z.; Raghunand, N; Ballesteros, P; Magnetic Resonance in Medicine.

[2] Skeletal muscle metabolic and ionic adaptations during intense exercise following sprint training in humans. J. Appl. Physiol.

[3] The metabolism of tumors. Warburg, O.H. Kaiser Wilhelm Institute for Biology.

[4] Acidity Generated by the Tumor Microenvironment Drives Local Invasion. CANCER RESEARCH.

[5] Acidic extracellular microenvironment and cancer, Cancer Cell Inernational.

[6] Studies of the acid-base condition of blood. Physiological changes in acid-base condition throughout the day. G. Cullen & I. Earle.

[7] Terapia Metabólica del Cáncer. Prieto Gratacós, E. Cuartavía Ediciones.

[8] CÁNCER & CIVILIZACIÓN. En Busca de la Salud Perdida.

[9] PRINCIPLES AND PRACTICE of ONCOLOGY. DeVita, V.

[10] pH Control Mechanisms of tumor Survival and Growth. Journal of Cell Physiology.

 

 
 

 

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