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Blog de Terapia Metabólica

APOPTOSIS

Crónica de una muerte programada.

noviembre 4, 2019

 Sometidas a gran estrés, destrucción parcial o daño genético extenso, las células de los organismos multicelulares pueden evaluar su propio estado y llegar a juzgarlo inviable, es decir, peligroso para el organismo como un todo. Cuando una célula “se considera” a sí misma en condición crítica, inicia un automático proceso de desintegración. Este normal proceso, la apoptosis, es enteramente fisiológico, y es responsable del mantenimiento de la forma biológica, ya que la apoptosis balancea o contrarresta la mitosis o división celular. En todo momento de la vida de un animal adulto, la cantidad de células de su organismo permanece constante. Sus tejidos se renuevan por multiplicación, pero la población celular se mantiene constante gracias a la auto-desintegración.

La muerte programada parece seguir una coreografía de eventos moleculares y se ejecuta gracias a una programación predeterminada, una secuencia específica de señales químicas integradas a diferentes niveles de la organización celular. Cuando una célula pierde esta especial propiedad de auto-desintegración, sigue replicándose indefinidamente. El problema de este bloqueo es que, si bien la multiplicación celular continua (proliferación por mitosis) no hay ningún mecanismo que controle la población. La consecuencia de dicho bloqueo es la progresiva formación de un tumor. La principal característica de las células cancerosas, aquella que las convierte en un problema patológico para el organismo de su hospedero, es la inmortalización.

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Respiración y apoptosis: El doble rol de las mitocondrias en el destino de la célula.

Un importante fenómeno de la biología molecular celular, en el que hemos insistido en diversas comunicaciones es la doble función de la enzima respiratoria CITOCROMO C. En cada una de los centenares de mitocondrias de cada célula del cuerpo, se lleva a cabo el continuo proceso de respiración celular (fosforilación oxidativa) a cargo de un grupo de proteínas especialmente diseñadas para capturar y conservar -en forma de ATP- la energía generada dentro de la célula a partir de los alimentos. Lo importante en este caso es que una de esas proteínas, la enzima respiratoria citocromo C, es además el detonante primario del proceso de apoptosis o sacrificio cooperativo. La apoptosis es regulada por las mitocondrias que, como hemos explicado, son los verdaderos “pulmones” del organismo, en el sentido de que es en su interior donde se lleva a cabo la verdadera utilización del oxígeno o respiración. No causa sorpresa entonces el hecho de que una de las aberraciones funcionales de las células cancerosas, provenientes de la destrucción de su función mitocondrial, es la disolución de la enzima respiratoria citocromo C y con ello, el cese de la posibilidad de morir por apoptosis.

Si bien la producción de radicales libres a lo largo de la vida puede dañar el ADN y estimular la proliferación anárquica de las células, promoviendo en fin la tumorogénesis, esta sobreproducción de radicales libres (pro-oxidantes) tiene que estar restringida a un límite bien preciso en la célula cancerosa, ya que una superabundancia de radicales libres conduciría rápidamente a la muerte celular por apoptosis (o incluso necrosis) en lugar de a la proliferación.

Uno de los estímulos que desencadenan la apoptosis es el estrés oxidativo. Dependiendo de su intensidad y duración, el estrés oxidativo (aumento de radicales libres del oxígeno dentro de las células) puede tener diversos efectos: a) estimular el crecimiento, b) desencadenar la apoptosis o, c) producir necrosis inmediata. Incluso en las células cancerosas que -han perdido la capacidad de autoaniquilación- un shock oxidativo fuerte podría desencadenar la muerte celular programada. Intervenciones de tipo oxidativo podrían incluso solucionar la falta de apoptosis en aquellas células bloqueadas por una mutación genética del supresor tumoral p53 (una proteína con importantes funciones antiproliferativas dentro de la célula). Es por esa razón que la activación de la apoptosis –comúnmente apagada en las células cancerosas- resulta una atractiva diana terapéutica.

Gran cantidad de evidencia apoya la tesis de que dosis farmacológicas de ascorbato endovenoso, en particular en combinación con megadosis de las vitaminas K1,2,3 y D3 genera un gran estrés oxidativo en el interior de las células cancerosas resultando en varias clases de muerte celular. Los tipos de muerte mejor descritos son: apoptosis, autoskisis y necrosis. De hecho, en casos muy avanzados de la enfermedad con una altísima carga neoplásica, han sido reportados varios casos de necrosis tumoral aguda por la administración súbita, sin una adecuada progresión de la dosis, de agentes oxidantes como el ascorbato endovenoso. Estos casos son una demostración extrema del poder del ascorbato para bloquear muchas de las rutas de supervivencia del cáncer (la angiogénesis, la disolución enzimática del tejido conectivo, la falta de reconocimiento inmune) y en especial su citotoxicidad, capaz de inducir la apoptosis o muerte celular programada -y hasta la necrosis- mediante un incremento agudo de la oxidación.

Este documentado rol carcinogénico de las especies reactivas del oxígeno (peróxido de hidrógeno, radical hidroxilo, anión superóxido) ha llevado al uso terapéutico de antioxidantes durante el tratamiento de la enfermedad, lo cual, si bien ha mostrado beneficios concretos parece interferir también con las formas de terapia convencional (radioterapia y algunas drogas quimioterapéuticas) cuyo mecanismo de acción es pro-oxidativo. Paradójicamente, si bien la abundante suplementación con antioxidantes claramente reduce la incidencia del cáncer, mostrando un formidable rol preventivo, esta debe evitarse durante el período agudo de tratamiento intensivo de la enfermedad.

 

 

 

 

 

 

 

Ernesto Prieto Gratacós.

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

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