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Blog de Terapia Metabólica

CARCINOGENICIDAD DE LA RADIACIÓN MÉDICA

diciembre 26, 2017

Desde 1960 hasta la fecha se han realizado en nuestro planeta unos diez mil millones de estudios imagenológicos en los que se baña al paciente con radiación de alta energía (incluyendo radiografías, tomografías, fluoroscopías1, angiogramas, etc.).(1) No hay ninguna duda de que la exposición a la radioactividad incrementa acumulativamente las probabilidades de contraer cáncer. Incluso la American Cancer Society reconoce este riesgo, si bien reporta cifras bastante menores que las reales (www.cancer.org), al tiempo que varios estudios científicos proveen evidencia del potencial carcinogénico de la irradiación con fines diagnósticos.(2-5) Se calcula que tanto como un 3% de los cánceres detectados anualmente se deben a la exposición acumulada de energía radiante en estudios radiológicos. Para un hombre de 100 kilos, una simple serie de radiografías expone su organismo a aprox 0,4 mSv (miliSieverts), equivalente a la natural radiación de fondo de cuarenta o cincuenta días. Una tomografía PET/CT lo expone a 25 mSv, es decir, la radiación que recibiría a lo largo de una década pero concentrada en el curso de una sola hora. Estas cantidades se duplican si se trata de una persona que solo pesa 50 kilos, y en el caso de los niños el daño es consecuentemente mayor.

Examinada en el contexto de nuestra vida actual, en que las diversas formas de radiación ambiental se han incrementado abruptamente debido a la actividad humana, la suma total de radiación ionizante a la que estamos expuestos es peligrosamente alta. Recientemente, el accidente nuclear en la planta japonesa de Fukushima despertó nuevamente la conciencia pública, que ya había olvidado el desastre de Chernobyl: cualquier clase de radiación ionizante puede producir cáncer.

A pesar de nuestra temprana fascinación con la energía nuclear no se puede menos que advertir -y lamentar- el rumbo que tomó desde mediados del siglo XX el uso de ese enorme poder.

 

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Fig.1 El beneficio de las técnicas de diagnóstico por imágenes es tan enorme que no es posible imaginar a la medicina moderna sin ellas. Un análisis crítico debe hacerse, sin embargo, ya que el uso de estas técnicas implica la exposición a cantidades acumulativas de radiación de alta energía, de reconocido potencial carcinogénico.

En ciertas circunstancias, estudios como los angiogramas son realmente útiles, pero cabe preguntarse a qué precio, dada la increíble cantidad de radiación a que exponen al paciente. Hoy día, algunas empresas no conscientes de este peligro ofrecen promocionalmente a gente sana “escaneos completos”, colonoscopías virtuales y tomografías “preventivas” de cuerpo completo exponiéndola a enormes dosis radioactivas.(6)

¿Pero, hay evidencia de que la radiación causa cáncer? Muchos de los primeros investigadores científicos dedicados al trabajo con los Rayos-X murieron de cáncer como consecuencia de su exposición a las radiaciones. Hace mucho tiempo se determinó que la radiación ionizante causa una verdadera quemadura interna debido al agudo estrés oxidativo (por liberación de radicales libres), y daño directo a las mitocondrias, la que ocasiona a su vez mutaciones de ciertos genes reguladores del metabolismo y la proliferación celular.(7) Tras la quemadura radioactiva y el daño al ADN la intensa proliferación celular así inducida, sumada a condiciones generales de hipoxia, condicionan la transformación maligna de los tejidos dañados.(8) Las fuentes de radiación en nuestro planeta incluyen los rayos cósmicos, la radiación residual de las rocas, el gas radón, los desechos de la industria, los accidentes en plantas energéticas y submarinos nucleares y las detonaciones de armas atómicas a cielo abierto.(9) Consideremos los siguientes hechos:

-Ninguna cantidad de radiación –no importa cuán pequeña sea la dosis- es inocua, y sus efectos carcinogénicos son acumulativos.

-Una radiografía de tórax impacta al paciente con 0.1 miliSieverts de radiación. Tal cantidad es apenas una fracción (1/500) de la dosis anual máxima permisible para un técnico radiólogo (50 miliSieverts). Sin embargo, dos tomografías lo impactan con hasta 40 miliSieverts.

-Una tomografía de columna vertebral descarga en el organismo el equivalente a 500 radiografías. Mientras que una tomografía de cuerpo entero (full-body scan) equivale a unas 800 radiografías.

-En los años cincuenta científicos ganadores del premio Nobel como Linus Pauling, Albert Einstein y otros investigadores (como el savant bioestadístico Hardin Jones) colaboraron para estimar la incidencia de la radiación en el cáncer detectado en humanos. El resultado del cálculo arrojó que la radiación ambiental natural era –en esa época- responsable de entre un 9% y un 11% de los casos de cáncer en la población.

-Dos tomografías generan el equivalente de 10 años de radiación natural continua. Eso implica que un porcentaje significativo de los cánceres detectados hoy en día ha sido causado por el uso médico de la radiación ionizante en los últimos 20 años.

-A principios de los años ochenta se hacían tres millones de tomografías anuales, mientras que a fines de esta década se vienen haciendo casi setenta millones de tomografías por año: ¡2300% de incremento!

-La incidencia de cáncer de mama ha aumentado dramáticamente desde 1960. Dicho incremento numérico está fuertemente asociado al crecimiento exponencial del uso de técnicas radiológicas sobre esa zona del cuerpo.

-Incluso dosis mínimas de radiación pueden causar cáncer (particularmente si existe deficiencia de nutrientes antioxidantes y genoprotectores). La Academia Nacional de Ciencias (USA) define la dosis mínima de radiación como cercana a cero.

-Los niños son especialmente vulnerables a la radiación ionizante. La administración accidental 10 miliSieverts a un embrión humano ha sido suficiente para causar toda forma imaginable de neoplasias infantiles.

-La administración repetida de radiación ionizante para usos diversos causa indefectiblemente cáncer de mama aún en especies normalmente resistentes a este.

-Estudios oficiales publicados por el Instituto Nacional del Cáncer (USA) han alertado acerca de que las tomografías realizadas tan solo en un año serán responsables en el futuro de decenas de miles de casos de cáncer resultantes en miles de muertes.

-Las personas con tuberculosis cuyo tratamiento incluía el uso de la fluoroscopía (técnica radiológica) –típicamente en la primera mitad del siglo XX- desarrollaron el doble de neoplasias (en especial cáncer de mama) que las personas no tratadas con esa técnica.

-La incidencia de cáncer en los trabajadores con substancias radioactivas, así como en los sobrevivientes al bombardeo atómico a las ciudades japonesas ha sido mayor que en los individuos de iguales características (controles) pero sin exposición a radiaciones.

-El efecto más inmediato y comprobable de la radiación (previo incluso a la genotoxicidad) es que fuerza a las células arteriales a proliferar incontrolablemente. Tal crecimiento celular estrecha y esclerosa dichas arterias.

-La radionecrosis letal del cerebro es una de las complicaciones del tratamiento convencional de los cánceres de cabeza-cuello.

-La irradiación terapéutica (radioterapia) y en menor medida la irradiación diagnóstica (radiografías, tomografías, etc.) de partes del cuerpo que contienen grandes arterias2 tiende a producir aterosclerosis en dichos vasos.

-La radiación genera lesiones en el sensible recubrimiento interno de las arterias (el endotelio vascular), incremento del estrés oxidativo en todos los tejidos e incremento de la agregación plaquetaria (lo que vuelve a la sangre más proclive a coagularse y taponar los vasos).

-Los pacientes irradiados por cánceres de cabeza-cuello tienen 500% más de riesgo de morir de accidentes vasculares encefálicos (infartos cerebrales) que los tratados con cirugía solamente. El tiempo promedio entre la irradiación y el infarto cerebral suele ser de alrededor de 10 años.

Nota: En lo referente a las personas tratadas por cáncer con radioterapia que mueren más tarde de infarto cerebral, la causa oficial de muerte es “accidente cerebrovascular”, aun cuando con toda probabilidad la causa real haya sido el tratamiento mismo. Este es un ejemplo de cómo las estadísticas pueden dar falsos resultados. Los efectos carcinogénicos que la radiación produce a largo plazo ciertamente causan muertes, pero estas no son atribuidas al cáncer.

Todo grado de exposición a las radiaciones causa daño biológico. Cada persona que se haya expuesto a la influencia de radiaciones médicas ha incrementado en alguna medida su riesgo de padecer cáncer (particularmente leucemia, cáncer de pulmón, de mama o cabeza-cuello). Si se tiene también en consideración el tremendo incremento en la radiación ambiental en los últimos 60 años y los muchos diagnósticos por imagen que una persona se hace en su vida, el riesgo de contraer cáncer es una seria amenaza que requiere acción inmediata.

Pero hay ocasiones en que una radiografía o una tomografía podrían potencialmente salvar una vida… ¿Qué hacer entonces? Es posible que eventualmente, las Resonancias Magnéticas terminarán por reemplazar totalmente a las tomografías. El único modo de recibir sin peligro radiación ionizante es asegurarse de contrarrestar completamente todo el daño que haya sufrido el ADN. Para lograrlo, es necesario el empleo simultáneo de grandes cantidades de antioxidantes, coenzimas, flavonoides, aminoácidos, oligoelementos, etc., con documentada capacidad biorreparadora. Cualquier grado de daño no reparado generará lesiones, que a su vez tienen la potencial capacidad de engendrar cáncer.

 

Ernesto Prieto Gratacós.

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

 Licencia Creative Commons

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

 

REFERENCIAS CIENTÍFICAS:

1) Naked To The Bone: Medical Imaging In The Twentieth Century. B. KEVLES

2) Projected Cancer Risks From Computed Tomographic Scans Performed in the United States in 2007 Berrington de Gonzalez, A., Mahesh, M., Kim, K., Bhargavan, M., Lewis, R., Mettler, F., & Land, C. (2009). Archives of Internal Medicine

3) Radiation Dose Associated With Common Computed Tomography Examinations and the Associated Lifetime Attributable Risk of Cancer Smith-Bindman, R., Lipson, J., Marcus, R., Kim, K., Mahesh, M., Gould, R., Berrington de Gonzalez, A., & Miglioretti, D. (2009). Archives of Internal Medicine

4) Cancer risks and radiation exposure from computed tomographic scans: how can we be sure that the benefits outweigh the risks? Redberg RF (2009). Archives of internal medicine

5) Computed tomography–an increasing source of radiation exposure. Brenner DJ, & Hall EJ (2007). The New England journal of medicine

6) A history of medical imaging Infinity Ugent.

7) The Biology of Cancer. Weinberg, R.

8) Human exposure to high natural background radiation: what can it teach us about radiation risks? Jolyon H Hendry. J Radiol Prot

9) Radiation in Everyday Life. IAEA International Atomic Energy Agency

 

[1] Una fluoroscopía es nada menos que una radiografía continua (un “mini-documental” filmado a 3 cuadros x segundo tras inyectar una substancia de contraste) para observar los órganos en acción. Semejante grado de exposición radioactiva ha traído severos problemas de salud -en las décadas subsiguientes- a las personas así tratadas.

[2] La anormal proliferación de las células endoteliales y del músculo liso inducida por la lluvia de radiación de una tomografía o un tratamiento contra el cáncer crea una masa de tejido conectivo que ocluye y rigidiza a las infortunadas arterias irradiadas. En el sitio en que la arteria resulta lesionada se acumulan macrófagos, colesterol, calcio, monocitos, y grandes cantidades de fibrina que eventualmente taponan enteramente ese vaso sanguíneo.