<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=1776461829287285&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">

Blog de Terapia Metabólica

CETONAS, OXÍGENO Y MICRONUTRIENTES

La solución al enigma de los esquimales.

octubre 22, 2018

Los Inuit o esquimales, no padecieron cáncer hasta la llegada de los europeos. Nuestras expediciones médico-antropológicas al Ártico revelaron las condiciones fisiológicas y alimentarias que fueron responsables de ese fenómeno. Nuestro compromiso ha sido, desde entonces, trasladar estos hallazgos a la sociedad occidental en aras de proponer un programa cada vez más objetivo y práctico de prevención racional del cáncer y otras enfermedades degenerativas. Otro tanto pasa con la dieta de los pueblos mediterráneos. Recientemente se ha hablado de la “Paradoja Francesa”, que resulta de una sorprendente baja incidencia de patología coronaria entre los franceses, de los cuales se sabe que comen muchas grasas saturadas. Habiendo estudiado también personalmente, in situ, a los pobladores de Córcega y de la costa sur de Francia, esta aparente paradoja no nos sorprende nada. La limitación de enfocarse solo en lo que comían estos pescadores y ganaderos es evidente cuando se vive un tiempo a la usanza mediterránea tradicional: las calles de todos los pueblos costeros, así como los pequeños pueblos del interior de las islas… ¡son verdaderas escaleras! Además, la rala vegetación de las montañas costeras obliga a un tipo de ganadería en continuo movimiento, llamada trashumancia. Es esta peculiaridad mediterránea -vigoroso ejercicio físico diario- lo que termina de explicar la ausencia de enfermedades degenerativas gracias a la preservación de la capacidad respiratoria mitocondrial de estas personas. Ver al respecto nuestro documental CÁNCER & CIVILIZACIÓN. En Busca de la Salud Perdida.

 WhatsApp Image 2018-10-22 at 13.16.5012002433_741344719344037_5136945612133418454_o-2WhatsApp Image 2018-10-22 at 13.17.13

Fig.1 Nuestro guía en el Ártico, el cazador Apilardjuk, es el ultimo miembro de una familia Inuit que aun subsiste en Nunavut (norte de Canadá) a la usanza tradicional. El intenso ejercicio, la total ausencia de carbohidratos o comidas refinadas de ninguna especie y la alta calidad nutricional de sus alimentos (tejidos animales crudos) -ademas de la falta de carcinógenos ambientales provenientes de la industria- preservaron la salud de este pueblo de costumbres paleolíticas.

No hay, pues, tal misterio. La total falta de cáncer entre los Inuit, los Yupik y otros pueblos del Ártico, se debía a la preservación de la función mitocondrial gracias a su peculiar dieta fresca de órganos y grasa ingeridos crudos, y al continuo ejercicio. Incluso tomando en cuenta la relativa ausencia de carcinógenos ambientales, el régimen paleolítico de nutrición y trabajo físico impide las enfermedades degenerativas. Para resumir este hallazgo de nuestro grupo de investigación, el enigma de los Inuit se explica por glucemias bajísimas, ayunos frecuentes, alta presión parcial tisular de oxígeno (ptiO2) y abundantes micronutrientes. Como hemos reportado, alimentación Inuit tradicional, consistía en grasa y carne de foca, caribú, morsa, múltiples pescados y ocasionalmente ballena, todo lo cual consumían crudo. El sostenido esfuerzo físico de la vida de los cazadores/forrajeros implica no solo glucemias muy bajas (promedio 63 ±4 mg/dL), sino también un formidable caudal circulatorio que sostiene una gran perfusión de oxígeno en los órganos. La abundante ptiO2, combinado con el amplio aporte de coenzimas respiratorias (micronutrientes) provenientes de la carne y grasa crudas, protege la función mitocondrial, evitando el corrimiento hacia la glucólisis fermentativa en los órganos bajo intensa demanda funcional. 

La reducción de la disponibilidad de glucosa impacta el proceso de glucólisis y la ruta de la pentosa-fosfato, vías requeridas para la supervivencia y proliferación de muchas clases de células tumorales. La actividad física, la utilización de glucosa por parte del tejido muscular, profundizan aún más su déficit y facilitando la transición hacia la cetosis. La combinación de ayuno y restricción calórica mejora además la oxigenación sistémica, estimulando una óptima función del Sistema Inmune, recobrando la elasticidad y funcionalidad vascular, deprime la glucemia basal, la insulinemia y la glicosilación sistémica, mejorando de forma integral al organismo... una auténtica rehabilitación metabólica.

Ernesto Prieto Gratacós

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires

 Licencia Creative Commons  Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.