Blog de Terapia Metabólica

CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CARCINÓGENOS

Impacto de la radiación ambiental en la incidencia del cáncer.

diciembre 5, 2017

La radioactividad, tanto de origen ambiental (accidentes nucleares, explosión de armas atómicas, rayos cósmicos) como de origen médico (radiografías, tomografías o radioterapia), es capaz de causar cáncer.

Comenzando con la histórica detonación de “Baker” (rudimentaria bomba atómica en la operación Crossroads), la primera en una larga saga de pruebas nucleares a cielo abierto, nuestro planeta ha sufrido cientos de explosiones nucleares de magnitud creciente (kT) de las cuales ha derivado una masiva cantidad de radiación.(1) La radiación ionizante es sin dudas uno de los agentes carcinogénicos más conocidos, y es un hecho establecido que la radioactividad produce cáncer. Lo que no es de dominio público es que los niveles de radioactividad en nuestros alimentos y sobre nuestros cuerpos han estado aumentando desde 1945 hasta la fecha.(2) Los seres vivos han estado expuestos desde siempre a la radiación natural: de elementos minerales como el Potasio-40, el radio y el Tritio, o bien de los rayos cósmicos. En su totalidad, la exposición a estas formas de radiación de alta energía promedia unos 100 miliröentgens al año.(3) Se ha establecido que dicha exposición –que no tenemos modo de evitar- causa cáncer, así como malformaciones congénitas (defectos de nacimiento).

En la década de los cincuenta, Hardin Jones, Linus Pauling y otros estimaron que, en su conjunto, la radiación natural a que estamos expuestos son responsables de cuando menos el 9% de los cánceres.(4) Agregando a esto las partículas radioactivas provenientes de explosiones nucleares a cielo abierto, el panorama se vuelve más tenebroso. Basado en sus investigaciones y en particular en el estudio dirigido por la Dra. Louise Reiss(5) sobre la contaminación de la leche y otros alimentos con la radiación proveniente de las pruebas nucleares, Pauling y su esposa –la pacifista Ava Ellen- iniciaron una campaña contra el testeo y uso de armamento nuclear que lo condujo a la obtención de su segundo premio Nobel en 1962. La investigación de la Dra. Reiss (popularizada como The Baby Tooth Survey) se basó en el análisis de 50.000 “dientecitos de leche” entre 1948 y 1953, y encontró un incremento progresivo de la substancia radioactiva Estroncio-90 en ellos, proveniente de la contaminación de los campos agrícolas y ganaderos por lluvia radioactiva.(5) Estos eventos se sitúan a mediados de la década de los cincuenta, y mucho más ha sucedido en nuestro mundo en lo relativo a los usos militares o energéticos de la fisión atómica. De las 2.047 pruebas declaradas de armas nucleares llevadas a cabo en el planeta, 711 han tenido lugar en la atmósfera o bajo el agua (EEUU: 218, Rusia: 207, Inglaterra: 21, Francia: 45, China: 23). Se ha estimado que la carga total de las armas nucleares testeadas ha alcanzado los 438 megatones, un poder análogo al de 29.200 bombas de potencia similar a la arrojada en Hiroshima.(6) Durante los 35 años (1945-1980) en los que se realizaron las pruebas nucleares en la atmósfera, tal cantidad de megatones equivale a haber detonado una bomba atómica del tamaño de la de Hiroshima cada once días. Adicionalmente, unos 4.000 kg de plutonio han sido depositados en el suelo como resultado de explosiones atómicas subterráneas.(7) 

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Fig. 1 Varios miles de pruebas atómicas (desde 1944) y el enorme incremento de la exposición a radiación médica (más de 60 millones de tomografías en 2005) han tenido un documentado efecto carcinogénico en la población humana. Los datos epidemiológicos descritos en sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, en habitantes de regiones cercanas a accidentes nucleares como Chernobyl y Fukushima, así como en personas con exposición ocupacional (científicos, técnicos radiólogos, etc.) muestran que las dosis de radiación recibidas son cercanas a las que recibe un paciente. https://sciencebasedmedicine.org/radiation-from-medical-imaging-and-cancer-risk/

No toda la radioactividad que inunda ahora la Tierra proviene de las armas. En Abril de 1986, poco después de medianoche, una tremenda explosión ocurrió en la gran planta nuclear de Chernobyl, en la otra Unión Soviética, seguida de inmediato por la reacción en cadena que hizo al reactor #4 derretirse gradualmente. Sin dudas, este ha sido el peor accidente nuclear hasta la fecha, que despidió una extensa nube radioactiva a través de Bielorusia, Polonia y las Repúblicas Bálticas hasta llegar a Escandinavia. En pocos días, oleadas de radioactividad llevadas por el viento traspasaron las fronteras soviéticas llegando a gran parte de Europa del Este. La radiación ionizante referida, la misma que se usa en los tratamientos oncológicos para atacar los tumores o bien en medicina general para obtener las útiles radiografías, tomografías, fluoroscopías, etc. se mide en röentgens por hora. Una exposición de 500 röentgen/h[1] durante cinco horas es letal para una persona.(8) Los animales capaces de sintetizar ácido ascórbico tienen, interesantemente, una mayor resistencia. Una gallina resiste casi tres veces más que un hombre, y una cucaracha cien veces más. Normalmente, en las ciudades modernas el contador Geiger marcará unos 10 microröentgens/h. En medio de una ciudad como la Habana Vieja, llena de fortalezas y palacios coloniales, la radiación es de 20 microröentgens por hora. Esta es la radioactividad de la piedra.

En cambio, en las inmediaciones de los sitios donde se han realizado pruebas nucleares a cielo abierto, se han detonado armas atómicas o ha habido accidentes nucleares, la situación es bien diferente. Otra fuente, aunque de menor incidencia general son ciertos hospitales donde se usan máquinas de cobalto para tratamientos de radioterapia oncológica. Una de nuestras excelentes enfermeras trabajó, antes de comenzar en nuestro centro, en un importante hospital oncológico de la capital, y su estado de salud mostraba signos claros de un enorme estrés oxidativo. Según ciertos rumores, la bomba de cobalto del hospital emitía radiaciones en tanta cantidad que varias cuadras a la redonda estaban contaminadas.

De acuerdo al reporte de una doctora amiga nuestra, muchos trabajadores del hospital (especialmente las mujeres) sufren de una sospechosa mala salud, adjudicada a la exposición radioactiva. Nuestro equipo hizo mediciones con un contador Geiger tanto en el interior como en las inmediaciones de los centros médicos en los que se hace radioterapia, así como en los centros especializados en radiología. Este riesgo laboral, si bien es muy alto para los profesionales de la salud expuestos, no constituye una amenaza global. En cuanto a la exposición a los rayos X (radiografías, tomografías) se considera que en promedio es igual a la exposición natural, o sea, 100 miliröentgens al año. Visto así, el uso médico de la radiación causa tantos cánceres como los rayos cósmicos y los minerales radioactivos naturales (otro 9%), aunque en muchos casos se justifica teóricamente el riesgo dado el enorme valor que se le adjudica en la práctica médica.

En suma, los núcleos atómicos radioactivos liberados a la atmósfera durante la fabricación y testeo de armas nucleares, así como las explosiones y fugas accidentales en las plantas de energía atómica, los submarinos atómicos averiados, las negligencias industriales, etc., han penetrado los organismos de cada ser vivo en la Tierra.(9) Estos elementos (Estroncio-90, Cesio-137, Carbono-14, etc.) continúan incrementando la incidencia del cáncer en cada país de nuestro planeta. La radiación antropogénica (causada por el Hombre), en particular la radiación médica, es una seria amenaza para nuestra salud. La única protección real contra esta amenaza es el uso intensivo de ciertos antioxidantes, y regenerar la capacidad aeróbica de nuestras células, concretamente, suplementarse intensivamente con los micronutrientes involucrados en la fosforilación oxidativa (Riboflavina, Nicotinamida, Biotina, Pantontenato, Cobalamina, ascorbato, Zinc, Selenio, Manganeso, etc.) todos los cuales son precursores de los catalizadores biológicos que el genial Otto Warburg denominó ENZIMAS RESPIRATORIAS.

Un programa realmente racional (basado en la evidencia científica) para la prevención del cáncer tiene como uno de sus pilares el conocimiento técnico que describimos en el próximo artículo: MEGAVITAMINAS Y LA CADENA RESPIRATORIA MITOCONDRIAL. Las vitaminas del complejo B y el metabolismo energético mitocondrial.

 Nuevo llamado a la acción

Notas: 

[1] 1.000 micro-röentgens equivalen a un miliröentgen, 1.000 mili-röentgens equivalen a 1 roentgen. 1 roentgen/hora es entonces 100.000 veces la cantidad de radiación de una ciudad normal. En el centro de Prypiat (Chernobyl) a 23 años del accidente en el reactor nuclear #4, la radiación remanente permanecerá por 48.000 años, pero los humanos podrán repoblar el lugar dentro de unos tres o cuatro siglos. Nadie habita la zona en unos 40 kilómetros a la redonda. En los días siguientes a la explosión algunos lugares cercanos al reactor emitían entre 4.000 y 30.000 röentgens/hora. Los desprevenidos bomberos que intentaron apagar el incendio dentro del edificio fueron incinerados por los rayos gamma. Un aspecto esencial en la prevención del cáncer es precisamente contrarrestar con antioxidantes el efecto nocivo de la radiación, ya sea que provenga de fuentes naturales o de problemas creados por el Hombre.

 

Ernesto Prieto Gratacós.

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

 Licencia Creative Commons

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

 

REFERENCIAS

1) http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/ciencia_industryweapons.htm#contents


2) The History of Nuclear Energy. by U.S. Department of Energy, D. Kvasnicka, Science, and Technology Office of Nuclear Energy and U.S. Government


3) Nuclear Inc. (The atomic brotherhood) Mark Hertsgaard Publicado porbhttp://www.ncwarn.org/?cat=18


4) The Future of Nuclear Energy to 2030 and its Implications for Safety, Security and Nonproliferation: Overview. Trevor Findlay (2010). The entre for International Governance Innovation (CIGI), Waterloo, Ontario, Canada, pp. 10-11.


5) Radiation-Related Cancer 25 Years After Chernobyl. Horst Zitzelsberger Genes

6) http://europa.eu.int/comm/environment/radprot/118/rp-118-en.pdf


7) Mechanisms of radiation-induced neoplastic transformation of human bronchial epithelial cells. Zhao Y.L., Piao C.Q., Hall E.J. and Hei T.K. Radiat. Res. 155:230-234 (2001).


8) Radiation, the two-edged sword: cancer risks at high and low doses. Hall E.J. Cancer J. 6:343


9) Health Risks from Low Levels of Ionizing Radiation. BEIR 7 phase 2 US National Research Council (2006). . National Academies Press. pp. 5, fig.PS–2. ISBN 030909156X (US National Committee on Radiation Protection) 1987

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