Blog de Terapia Metabólica

COMPLEJO B 

y cofactores enzimáticos contra el cáncer. (final)

enero 23, 2018

Tan importante es la presencia de las vitaminas hidrosolubles que, sin ellas, la vida simplemente no es posible. Evidencia experimental reciente indica que la suplementación meta-nutricional (muy por encima de los requerimientos alimenticios para no morir de una enfermedad carencial) previene serias enfermedades degenerativas y optimiza la salud, la potencia y la longevidad. 

En su conjunto, estos micronutrientes protegen a las mitocondrias, centrales energéticas de nuestras células, formando una formidable red de reacciones interconectadas. Las vitaminas del complejo B: Tiamina, Riboflavina, Niacina, Folato, Pantotenato, Biotina y Cobalamina integran una fracción funcional esencial de las enzimas respiratorias mitocondriales. Tan profunda es su implicación en las reacciones metabólicas que a estos cofactores enzimáticos se les conoce como las “vitaminas energéticas”.

Una de las maneras de intervenir positivamente en el curso de la vida humana es manipular el metabolismo, achicando el aporte calórico, y ejercitarse vigorosamente, lo cual estimula la circulación sanguínea, la regeneración de tejidos y el consumo de oxígeno. Otra, es incorporar ciertas substancias vitalógenas: coenzimas, neuro-regeneradores, hormonas tróficas, vitaminas, oligoelementos, antioxidantes y otros catalizadores biológicos que frenan la declinación de varias estructuras orgánicas. Por lo común, los radicales libres del oxígeno deterioran progresivamente las organelas celulares (mitocondrias, membranas e incluso el ADN) que, si bien tienen mecanismos moleculares de reparación, se deterioran de modo progresivo y –hasta ahora- irreversible.

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Fig.1 Las vitaminas son absolutamente esenciales para la vida. Desde la integridad de la retina (izq) hasta el ciclo de Krebs y la cadena respiratoria mitocondrial, los micronutrientes Tiamina, Riboflavina, Niacina, Folato, Pantotenato, Piridoxina, Biotina y Cobalamina intervienen en -literalmente- miles de reacciones bioquímicas dentro de nuestras células.

Existe una cantidad conocida diaria de cada nutriente que debemos por fuerza ingerir, por debajo de la cual sobrevendrían enfermedades carenciales graves y, más temprano que tarde, la muerte. Entre 1933 y 1942, siguiendo un impulso dado por la Liga de las Naciones, se construyeron las primeras tablas de recomendaciones nutricionales, considerando estas cantidades mínimas imprescindibles. Hazel Stiebling[1], del Departamento de Agricultura de E.U. determinó las ya famosas Dosis Diarias Recomendadas (ing. Recommended Dietary Allowances). La Asociación Médica Británica y el Consejo Canadiense de Nutrición hicieron otro tanto, iniciándose así una filosofía de suficiencia en la nutrición humana que perdura hasta nuestros días.

El concepto, mucho más evolucionado, de “optimización de las funciones por saturación del medio interno” no tiene nada que ver con las CMI o cantidades mínimas imprescindibles. Quien se provea de estas diminutas cantidades de los nutrientes esenciales posiblemente no morirá de ninguna de las enfermedades carenciales clásicas, o tardará varias décadas en hacerlo, aunque con un miserable estado general de salud. Se sabe que ciertos estados subclínicos de mala salud pueden durar años, terminando por empeorar bruscamente pocos días antes de la muerte del sujeto. Por razones evolutivas y de equilibrio en la Biosfera, los organismos vivos parecen haberse adaptado a sobrevivir en condiciones muy inferiores a las óptimas, lo cual significa que, aunque es imposible vivir mucho tiempo sin las CMI de uno o varios nutrientes, una cantidad ligeramente superior nos permite, mal que bien, sobrevivir.

La vida depende pues de un conjunto de substancias precisas que deben ser asimiladas con la alimentación. La concepción ortomolecular de la nutrición utiliza dichas substancias básicas (vitaminas, aminoácidos, oligoelementos, enzimas) como herramientas terapéuticas para tratar enfermedades orgánicas y psíquicas, o bien para incrementar la performance física e intelectual. La lógica de la nutrición ortomolecular es suplementar las cantidades correctas (ortho) –¡no las cantidades mínimas indispensables!- de las substancias primordiales (moleculae) que son el substrato de todas las reacciones bioquímicas que permiten la vida.

A este respecto debe comprenderse que la función bioquímica de cualquier substancia está determinada por su estructura, no por su origen. Una molécula de vitamina B-12 sintética es químicamente idéntica a una molécula de vitamina B-12 extraída del huevo, o de la carne. La verdadera preocupación no debe estar en si una substancia fue sintetizada en un laboratorio o producida por una planta, sino en si la substancia en cuestión es tóxica o no.

Nota técnica: Además de su función neurotrófica ya descrita en el ensayo anterior, la B-1 o tiamina, permite la decarboxilacion oxidativa de varias deshidrogenasas en el ciclo de Krebs o ciclo del ácido cítrico. La B-2 o riboflavina, es parte del FAD –Flavin Adenin Dinucleótido- y requerida por las flavoenzimas de la cadena transportadora de electrones (originalmente llamadas flavonas del latín flavo –amarillo-, o “pigmento respiratorio”). La B-3, llamada también niacina o acido nicotínico, es esencial para la síntesis de NAD –Nicotinamin Adenin Dinucleótido- y provee protones para la fosforilación oxidativa, siendo central en el metabolismo energético. La B-5 o ácido pantoténico, es imprescindible en la formación de la acetil coenzima A, paso primario del ciclo de Krebs.

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[1] Stiebling propuso el primer conjunto de estándares dietéticos que tuvo en cuenta los requerimientos mínimos de varias vitaminas recientemente descubiertas (tiamina, riboflavina, ácido ascórbico y retinol), así como calcio, hierro y fósforo. Estos parámetros se desarrollaron en un ambiente de terrible escasez, en medio de las hambrunas de la Gran Depresión y como parte de un programa de alivio para los prisioneros norteamericanos e ingleses que, una vez ganada la guerra, se liberarían de los campos de concentración alemanes. 

 

 

Ernesto Prieto Gratacós.

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

 Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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