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Blog de Terapia Metabólica

DE LAS MUJERES Y LA CIENCIA

marzo 8, 2019

Nuestra civilización no ha sido benévola con los cerebros femeninos. Mas allá de la reconocida matemática y astrónoma griega Hypatia de Alejandría o de la famosa maestra del sufismo Rabi’a, poco les fue permitido a las mujeres que se inclinaron hacia el conocimiento a través de la historia. Si bien en el mundo occidental las universidades comenzaron a florecer nuevamente en el siglo XI, la única puerta por la que las mujeres podían acceder al conocimiento científico era la del convento. No había otro camino que tomar los hábitos. Si bien existen registros de alguna astrónoma o alquimista aquí o allá en el mundo antiguo, el medioevo y el renacimiento, los foros de la filosofía, la ingeniería, la economía o la política eran enteramente dominados por figuras masculinas. La primera mujer que haya podido recibir un doctorado universitario fue Laura Bassi (Bologna, 1792). Recién a fines del siglo XIX la apertura de los colegios de mujeres creo la posibilidad para ellas de acercarse al entrenamiento formal en el conocimiento científico.

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Fig.1-3 Tres de mis científicas favoritas: Lynn Margulis, Rosalind Franklin y Gerti Cori. La bióloga experimental y evolucionista Lynn Margullis, desarolló la teoría general de la endosimbiosis (la alianza ancestral entre las células eucariontes y las bacterias que hoy llamamos mitocondrias) así como de la hipótesis Gaia. La cristalógrafa y experta en ADN Rosalind Franklin, fue la verdadera descubridora de la estructura helicoidal de la molécula de la herencia. La gran bioquímica Gerti Cori -descubridora del ciclo que lleva su nombre y de los aspectos mas importantes de la degradación del glucógeno-.

Fue la francesa Marie Curie la primera mujer en ganar un premio Nobel (en Física) y luego, la primera persona en ganar un segundo premio Nobel (esta vez en Química). Cal Tech (California Technical Institute) no abrió sus puertas a las mujeres para estudiar ingeniería hasta 1970, y en general, en todos los campos del conocimiento ha existido intensa presión (en todo sentido imaginable) sobre las aspirantes doctorales de sexo femenino. A pesar de las sostenidas dificultades económicas y sociales experimentadas, las mujeres en la ciencia han tenido la audacia para obtener mas de 40 premios Nobel, e infinidad de otros premios de altísimo nivel académico, ingeniándoselas simultáneamente para además gestar, parir y criar a sus hijos.

Delante de toda gran mujer…

Hoy es ya difícil digerir la pedante y condescendiente admisión de que allí, detrás del profesor, del empresario, o del general, se haya escondida una mujer de valor. Como dijera irónicamente el genial Jim Carrey, “Detrás de todo gran hombre… hay una mujer revoleando los ojos.” Esto debemos tenerlo bien presente los aspirantes a Hombres de Conocimiento, especialmente porque se suele medir la grandeza, la inteligencia o el merito con la regla equivocada. Mucho se ha debatido sobre las diversas inteligencias y los determinismos biológicos, que cada vez tienen menos sentido. La Humanidad debe ser sopesada y aquilatada en su andrógina integridad: mujer y hombre somos dos mitades de un mismo ser. Vivamente recuerdo ahora como mi madre -a pesar de sus enormes dificultades- me inculcó el amor por los animales, el respeto a los vecinos, la puntualidad y seriedad en el trabajo, el sentido del deber, la aceptación de lo diferente, los buenos modales, los actos nobles, la apreciación por la Naturaleza, así como su pasión por la arquitectura (que en mi ser se expandió a una pasión por la arquitectura del Universo) y, finalmente, inculcó en mí una ilimitada autoconfianza: “Tu, mi sol querido, vas a poder lograr lo que sea que te propongas.” En cuanto a mi vida adulta, por dónde empezar siquiera a describir el extraordinario valor de la sabiduría de mi compañera y madre de mis hijas? Su coraje, su compasión, su aguda perspicacia, su talentosa ternura, su genial sentido del humor? En todos los verdaderos matrimonios, se que este valor -se reconozca o no- es universal.

Para los hombres de ciencia, es nuestro caballeroso deber tener presente que la energía femenina es la fuerza que mantiene unido el cosmos social, y que, tanto en el terreno del conocimiento científico como en todas las otras áreas, la amorosa inteligencia de las mujeres es lo que podrá, si nos rendimos ante ella, salvar el mundo.

Ernesto Prieto Gratacós

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

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