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Blog de Terapia Metabólica

HIPERTENSIÓN COMPENSATORIA

Perfusión de oxígeno, respiración mitocondrial y la verdadera causa primaria de la "presión alta".

febrero 22, 2018

Infartos cardíacos y accidentes cerebrovasculares constituyen respectivamente la primera y tercera causa de muerte, pero un factor celular no tenido en cuenta -la hipoxia- conecta a la “presión alta” con la segunda causa de muerte de la sociedad post-industrial: las neoplasias. Existe sólida evidencia experimental de que la falta sostenida de oxigenación de un tejido es capaz de promover en éste, un metabolismo fermentativo típico de los tumores, así como todos los rasgos genéticos y fenotípicos del cáncer.(1) De este modo, la progresiva pérdida de capacidad oxidativa del organismo, asociada a la edad biológica, puede inducir el efecto Warburg en cualquier tejido estresado crónicamente por diferentes demandas funcionales.(2) Nuestras observaciones clínicas nos han llevado a formular la hipótesis de que el progresivo e inexplicado incremento en la presión sistólica es en realidad un mecanismo de defensa que permite al organismo compensar inicialmente la declinación de la presión parcial de oxígeno en los órganos y/o la merma de la fosforilación oxidativa celular.

Es por todos conocido el mecanismo fisiológico de control del sistema RENINA-ANGIOTENSINA-ALDOSTERONA: la secreción de renina en el aparato yuxtaglomerular en los túbulos renales se combina con angiotensinógeno (proveniente del hígado) pasando a ser angiotensina, que luego es convertida a angiotensina II (por intermedio de la ECA, o Enzima Convertidora de Angiotensina, proveniente del pulmón), la cual cierra el lazo induciendo la secreción de aldosterona en las glándulas suprarrenales. Se sabe que la hormona aldosterona transloca entonces sodio (Na+) y agua (H2O) al interior del sistema circulatorio, elevando así la presión ejercida por el torrente sanguíneo sobre las paredes internas de los vasos. Sin embargo, esta familiar explicación de cómo diferentes estímulos nerviosos, hormonales y físicos alcanzan a modificar la turgencia de las arterias, no esclarece en lo más mínimo cuál es el disparador primario de este mecanismo tan exquisitamente controlado por el cuerpo, y por qué debe elevarse la presión, es decir, cual es su finalidad fisiológica. A la vez, como señalan los médicos de nuestro grupo, doblegar farmacológicamente la hipertensión -sofocar el síntoma- se considera usualmente un éxito terapéutico, a pesar de que deja sin resolver su causa primaria. 

La hipertensión arterial es una necesidad fisiológica

De acuerdo con nuestras observaciones, la progresiva pérdida de capacidad respiratoria celular (como lo evidencia por ejemplo un descenso en el tiempo de apnea basal) genera indirectamente una hipertensión moderada crónica, cuya misión es forzar un incremento en la PtiO2 (presión parcial tisular de oxígeno), que optimizaría la síntesis de ATP en las células cuya función mitocondrial está enlentecida. Recordemos que es precisamente el oxígeno quien sirve de aceptor final de los electrones en el extremo terminal de las cadenas respiratorias mitocondriales, razón por la cual su ausencia detendría el proceso de extracción de energía del alimento. Es claro que la hipertensión cumple un rol de rescate funcional, de hecho, todo clínico experimentado sabe que los pacientes mayores requieren una tensión arterial alta para sostener la perfusión en oxígeno de órganos críticos como el riñón, el corazón y el cerebro, mientras que inhibir farmacológicamente la "presion alta" deteriora rápidamente la función cerebral y renal. Al mismo tiempo la hipertensión no tratada entraña un grave riesgo.

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A pesar de nuestro conocimiento experimental sobre la sucesión de eventos con que se manifiesta este fenómeno, la causa primaria de la hipertensión arterial idiopática ha permanecido, hasta hoy, ignorada. Toda vez que denominamos “idiopática” a dicha patología -es decir, el 95% de las veces- estamos de hecho admitiendo que desconocemos su verdadero origen. Nuestro grupo de investigación considera que la razón de esta falta de explicación apropiada ha sido la incomprensión de la presion alta como fenómeno compensatorio en respuesta a una caída en el output energético de varios órganos del cuerpo. En otras palabras, la hipertensión “idiopática” no es una consecuencia fortuita o accidental de un desperfecto orgánico, sino un necesario ajuste o compensación vascular que busca inyectar oxígeno en el humor intersticial de aquellos tejidos cuya capacidad respiratoria se está depauperando. Frente a una disminución de la capacidad oxidativa en nuestras células (sea por deterioro mitocondrial o por fallo de la microcirculación) el primer recurso compensatorio del cuerpo es incrementar la presión sanguínea para aumentar la perfusión de oxígeno en dichos tejidos asfixiados. Esto nos permite pensar en la hipertensión moderada crónica no como un defecto fortuito, sino como una necesidad fisiológica. El problema es que el cerebro, corazón, riñones, y otros órganos, requieren una determinada intensidad en la penetración del riego sanguíneo -dependiente de la presión-, al tiempo que una hipertensión crónica predispone a infartos y ACVs. Se ha visto que una reducción agresiva de la presión arterial genera deterioro cognitivo y renal en los adultos de edad avanzada, empeorando las lesiones distales en las personas con diabetes avanzada. (3, 4)

Toda tensión arterial mayor a 115/75 debe considerarse peligrosa

La hipertensión arterial tiene una correlación directa y proporcional con la edad, y está involucrada centralmente en la patología cardíaca tanto como en la cerebrovascular. Se ha demostrado hace ya más de una década que presiones sanguíneas consideradas usualmente normales, están asociadas a un riesgo elevado de muerte por ataque cardíaco. Sobre casi nueve mil individuos (Am. J. Med., 2006), Kshirsagar y col. encontraron un  100% de incremento de riesgo en adultos con presiones arteriales entre 120/80 mmHg y 139/90 mmHg.(5) Debe tenerse presente en primer lugar que la hipertensión es virtualmente epidémica en las naciones industrializadas. En un metanálisis de 61 estudios clínicos (Lancet, 2003), Lewington y col. reportaron que “durante la madurez y la vejez la tensión arterial está fuerte y directamente asociada a la mortalidad de origen vascular (y otras causas), sin que haya evidencia de umbral alguno hasta por lo menos 115/75 mmHg.”. En este estudio sobre la mortalidad, que involucró a más de un millón de adultos, cada incremento de 20 mmHg en la presión sistólica estuvo asociado con un incremento de 200% en la mortalidad por infartos cardíacos o ACV.

No es una casualidad que se haya asociado la hipertensión a una ostensible declinación (20%) de la función renal, en particular en adultos mayores: el incremento de la presión es necesario precisamente para para compensar el empobrecimiento del filtrado glomerular. Es aquí donde forzar farmacológicamente una hipotensión -si bien baja las probabilidades de infarto y ACV- lesiona aún más el órgano debilitado, en particular en personas de edad avanzada.

Calificación de la tension arterial Presión sistólica (mmHg) Presion diastólica (mmHg)
Deseable < 119 < 79
Alterada Entre 120 y 129 Entre 80 y 85
Hipertensión media Entre 130 y 139 Entre 80 y 89
Hipertensión severa > 140 > 90
Crisis hipertensiva aguda  > 180  > 100

 

La eclampsia como modelo de hipertensión compensatoria 

Existe una circunstancia patológica del embarazo que refleja muy bien el mecanismo de la hipertensión inducida por hipoxia. El gran desarrollo de las estructuras vasculares en el Homo sapiens es por supuesto una consecuencia de la evolución de la especie humana. Las enormes demandas energéticas del cerebro fetal en crecimiento exigen necesariamente un desarrollo vascular eficiente de la placenta. Por cierto, vale aclarar que la placenta humana se comporta durante el principio de la embriogénesis como una verdadera neoplasia que invade el útero. Durante el embarazo, la placenta humana es capaz de nutrir al gigantesco cerebro fetal que en los humanos constituye el 2,4% de la masa corporal (y apenas un 0,07% en otros mamíferos). Para semejante proeza vascular la placenta tiene que poder invadir efectivamente el miometrio, capa muscular del útero, y acceder a los vasos sanguíneos maternos, induciéndolos a proliferar (neoangiogénesis), de lo contrario, el feto sufrirá anoxia cerebral, lo cual será compensado en la madre por el fenómeno llamado pre-eclampsia. Es interesante que los mecanismos invasivos de la placenta en crecimiento -degradación enzimática de la Matriz Extracelular- son los mismos que usa un tumor para invadir un tejido. La eclampsia, una de las situaciones patológicas más peligrosas para la vida de la madre, ocurre exclusivamente en humanos debido a una demanda insatisfecha de sangre oxigenada y glucosa del enorme cerebro fetal. Como publicamos en trabajos anteriores (7), si bien el metabolismo embrionario es aeróbico, y por lo tanto no-canceroso, la conducta proliferativa del embrión es, técnicamente, una neoplasia controlada. Es significativo que la pre-eclampsia se ha visto ligada a una baja concentración de β-hCG, una fracción de la hormona del embarazo, que constituye un importante marcador tumoral en nuestro sistema de detección ultra-temprana del cáncer (OncoAnalytic). Este marcador es segregado fundamentalmente durante la implantación placentaria, así como en la “implantación” tumoral. Los abortos espontáneos, por las razones descritas, constituyen el 41% de todas las gestaciones en humanos pero apenas el 4% en otras especies. El fenómeno de la pre-eclampsia, además de ilustrar la analogía entre la embriogénesis y la tumorigénesis, es un modelo mecanístico de la hipertensión moderada crónica "idiopática". 

La hipertensión arterial es una de las patologías cardiovasculares más frecuentes, y está claramente asociada a la hipoxia de los tejidos, como lo evidencia su correlación con los desórdenes respiratorios y la apnea del sueño, importante factor contribuyente a la hipertensión esencial. Se ha determinado experimentalmente que la hipoxia intermitente crónica tan usual en las personas con trastornos respiratorios del sueño es un contribuyente directo de la hipertensión. Las bases fisiológicas y bioquímicas de dicha hipertensión inducida por hipoxia crónica están cada vez más claras (si bien esta información, así como la lógica subyacente de nuestro argumento, parecen tardar en difundirse entre los profesionales médicos). Se ha podido determinar que el incremento del reflejo quimiosensorial de los cuerpos carotídeos son un contribuyente directo de la hipertensión inducida por hipoxia, y que -de acuerdo con nuestra hipótesis original- la desregulación del Factor Inducible por Hipoxia (HIF-1) exita el reflejo quimiosensorial que es instrumental en la aparición de la hipertensión.(8,9)

Tanto los trastornos de la ventilación pulmonar como el deterioro diabético de la microcirculación y/o la disminución de la capacidad mitocondrial de producir energía por medios aeróbicos (fosforilación oxidativa) fuerzan al organismo a compensar el déficit de su régimen oxidativo con un incremento de la perfusión tisular de oxígeno. Este incremento de la perfusión -análogo a la constricción de una manguera de jardín cuando se quiere impulsar más lejos el chorro de agua- no puede ser obtenido sino incrementando mecánicamente la presión del árbol vascular. Si bien los medicamentos antihipertensivos pueden disminuir momentáneamente el riesgo, medicar únicamente el síntoma deja sin resolver su causa primaria: el ahogo de los tejidos.

                                                       

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Ernesto Prieto Gratacós.

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

 Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

 

REFERENCIAS.

  1. Burk D, Oxygen und krebs….
  2. Prieto Gratacos E, PRINCIPIA METABOLICA. Fundamentos cientificos y Bases Clinicas para la Terapia Metabolica del Cancer. cuartavía transMEDIA
  3. Lewington S, Clarke R, Qizilbash N, Peto R, Collins R. Age-specific relevance of usual blood pressure to vascular mortality: a meta-analysis of individual data for one million adults in 61 prospective studies. Lancet. Dec 14 2002;360(9349):1903-1913.
  4. Kshirsagar AV, Carpenter M, Bang H, Wyatt SB, Colindres RE. Blood pressure usually considered normal is associated with an elevated risk of cardiovascular disease. The American journal of medicine. Feb 2006;119(2):133-141.
  5. Stocchetti N, Chieregato A, De Marchi M, Croci M, Benti R, Grimoldi N. High cerebral perfusion pressure improves low values of local brain tissue O2 tension (PtiO2) in focal lesions. Acta neurochirurgica. Supplement. 1998;71:162-165.
  6. The ACCORD Study Group. Effects of Intensive Blood-Pressure Control in Type 2 Diabetes Mellitus. New England Journal of Medicine. 2010;362(17):1575-1585.
  7. Prieto Gratacos E. Oncologia Ortomolecular. cuartavía ediciones (2009)
  8. Hypoxia-inducible factor 1 mediates increased expression of NADPH oxidase-2 in response to intermittent hypoxia.
    Yuan G, Khan SA, Luo W, Nanduri J, Semenza GL, Prabhakar NR.J Cell Physiol. 2011 Nov; 226(11):2925-33.
  9. Nanduri J, Peng YJ, Yuan G, Kumar GK, Prabhakar NR.Hypoxia-inducible factors and hypertension: lessons from sleep apnea syndrome. Mol Med (Berl) 2015 May;93(5):473-80. doi: 10.1007/s00109-015-1274-2. Epub 2015 Mar 15.