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Blog de Terapia Metabólica

LIPOFOBIA

La aversión a las grasas y el deterioro de la salud humana.

marzo 19, 2018

La aversión cultural a las grasas -iniciada en los años sesenta- ha sido un monumental error. En ningún otro momento de la historia de la Humanidad hemos tenido los niveles de obesidad, diabetes, infartos y cáncer que ahora tenemos…La sustitución de las grasas saturadas que solíamos comer, por aceites oxidables y carbohidratos simples, ha creado una epidemia global de las mismas patologías que se quería prevenir. El miedo, por supuesto, provenía del concepto falso de que comer grasas saturadas genera infartos. Nada podría ser más erróneo. La causa primaria de la aterosclerosis es el deterioro del endotelio vascular debido a la mala calidad del colágeno, NO EL CONSUMO DE GRASAS SATURADAS con la dieta.(1-4) La patología cardiovascular es exclusiva de los homínidos (tanto los monos antropomorfos como los humanos) y tiene su origen en nuestra deficiencia congénita de ácido ascórbico, que genera una mala calidad del colágeno. 

Generada por nuestra “hipoascorbemia congénita”, la hidroxilación defectuosa del colágeno es responsable de las microfracturas que sufre el endotelio vascular en las zonas de más turbulencia circulatoria, es decir, de más estrés mecánico en las paredes arteriales (aorta, carótidas, coronarias, etc.).(5) El organismo de los homínidos encontró, a lo largo de la Evolución, un modo de reparar momentáneamente dichas microfracturas por estrés mecánico, sellándolas con Lipoproteínas de baja densidad: VLDLP… A pesar de que cierta fracción grasa forma parte de las placas ateromatosas, son los azúcares y la deficiencia de ácido ascórbico quienes generan primariamente el problema.(6)

Lamentablemente, tal y como lo describe la Ley de Tanchou, todos los trastornos degenerativos asociados a la cómoda vida industrializada se incrementaron desde el momento en que la manteca, así como la grasa de cerdo, vaca, oveja, llama, búfalo, gallina, etc. fueron sustituidas por aceites vegetales baratos (poliinsaturados), margarina, y aceites artificialmente hidrogenados (trans), al tiempo que montañas de azúcares entraban a dominar nuestra vida cotidiana.

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La Guerra de las Grasas

Desde el punto de vista estrictamente antropológico, la hipótesis de la dieta paleolítica –abundante en grasa saturada- tiene perfecto sentido. Es claro además que las dietas tradicionales han sido puestas a prueba a lo largo de muchas generaciones, a diferencia de las modas dietéticas modernas. La demonización de la grasa de cerdo (lard), la manteca y otras grasas animales, comenzó con la interpretación incorrecta de algunas observaciones epidemiológicas en la década del cincuenta, seguidas de inmediato por una intensa propaganda de la industria del aceite. Tras décadas de alimentación errónea, y de una interminable sucesión de teorías en conflicto, el impacto de la lipofobia en la salud pública puede verse claramente. Entre tanto, tres estudios de gran envergadura aportaron la evidencia de que la “doctrina magra” era un disparate:

Multiple Risk Factor Intervention Trial (MRFIT), estudiando 12,866 hombres con alto riesgo de infarto bajo estudio, no se encontró ningún beneficio de estas intervenciones.(7)

The Women's Health Initiative (WHI), que analizó a 48,835 mujeres durante 8 años, con una dieta baja en grasas y abundante en frutas, verduras y cereales, no encontrando diferencia alguna con el grupo de control en la tasa de cardiopatías.(8)

Action For Health in Diabetes (The Look AHEAD Study), que tenía como propósito reducir la tasa de cáncer, infartos y ACV en los pacientes estudiados, fue detenido antes de lo previsto porque no se encontró beneficio alguno.(9)

Las ideas que expresa este blog provienen de nuestras elucidaciones experimentales en el terreno –por Ej. mediciones de glucemia y ptiO2 en actividad, entre los esquimales y los corcegos- no de leer las teorías de otros. Es así que sabemos que la única alimentación realmente congruente con nuestra hechura genética, es la que tuvimos a lo largo de la IV Glaciación, periodo en el que se forjó definitivamente el genoma de nuestra especie, Homo sapiens.

Por otra parte, un experimento dietético fácilmente replicable prueba que una dieta cuyas calorías provienen de las grasas, pero que a la vez es carente de carbohidratos, no solo no incrementa la enfermedad cardiovascular, sino que causa más pérdida de peso que las dietas bajas en grasa (low fat). Es sorprendente el hecho de que dos dietas isocalóricas (conteniendo la misma cantidad de calorías), pero basada una en grasa saturada y otra en azúcares, tienen efectos radicalmente diferentes en el organismo. Es decir, son isocalóricas pero no isometabólicas. Suprimir las grasas saturadas no reduce la obesidad, y no impacta positivamente la salud cardiovascular. Docenas de estudios han establecido firmemente este hecho, por favor revise los siguientes estudios científicos:

*Low-fat dietary pattern and weight change over 7 years: the Women's Health Initiative Dietary Modification Trial. Howard BV JAMA

*A randomized trial of a low-carbohydrate diet for obesity. New England Journal of Medicine Foster GD, et al. 

*A low-carbohydrate as compared with a low-fat diet in severe obesity. Samaha FF, et al. New England Journal of Medicine

*Low-carbohydrate nutrition and metabolism. Eric C Westman Richard D Feinman John C Mavropoulos Mary C Vernon Jeff S Volek James A Wortman William S Yancy Stephen D Phinney The American Journal of Clinical Nutrition

*Effects of a low-carbohydrate diet on weight loss and cardiovascular risk factor in overweight adolescents. Sondike SB, et al. The Journal of Pediatrics

*A randomized trial comparing a very low carbohydrate diet and a calorie-restricted low fat diet on body weight and cardiovascular risk factors in healthy women. Brehm BJ, et al. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism

*The national cholesterol education program diet vs a diet lower in carbohydrates and higher in protein and monounsaturated fat. Aude YW, et al. Archives of Internal Medicine

*A low-carbohydrate, ketogenic diet versus a low-fat diet to treat obesity and hyperlipidemia. Yancy WS Jr, et al. Annals of Internal Medicine

*Comparison of a low-fat diet to a low-carbohydrate diet on weight loss, body composition, and risk factors for diabetes and cardiovascular disease in free-living, overweight men and women. Meckling KA, et al. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism

Mucho antes de que se iniciara la epidemia de cardiopatías en la década de mil novecientos treinta, Weston Price y Vihalmur Steffanson habían ya descrito en profundo detalle las dietas tradicionales de una veintena de etnias, en las cuales las enfermedades degenerativas eran desconocidas. Las autoridades sanitarias y los gurúes de la nutrición -basados en información errónea-  comenzaron en cambio a recomendar el reemplazo de la manteca con margarina. La margarina cumplía el requisito de ser baja en grasas saturadas... de hecho, esta virtualmente hecha con aceites hidrogenados artificialmente (trans), fuertemente tóxicas a nivel celular.(10)

Oxígeno, cetonas y micronutrientes: la solución al enigma Inuit

Junto a favorables reportes sobre la dieta mediterránea, recientemente se ha hablado de la “Paradoja Francesa”, que resulta de una sorprendente baja incidencia de patología coronaria entre los franceses, de los cuales se sabe que comen muchas grasas saturadas. Habiendo estudiado personalmente, in situ, a los pobladores de Córcega y de la costa sur de Francia, esta aparente paradoja no nos sorprende nada. La limitación de enfocarse solo en lo que comían estos pescadores y ganaderos es evidente cuando se vive un tiempo a la usanza mediterránea tradicional: las calles de todos los pueblos costeros, así como los pequeños pueblos del interior de las islas,… ¡son verdaderas escaleras! Además, la rala vegetación de las montañas costeras obliga a un tipo de ganadería en continuo movimiento, llamada transhumancia. Es esta peculiaridad mediterránea -vigoroso ejercicio físico diario- lo que termina de explicar la ausencia de enfermedades degenerativas gracias a la preservación de la capacidad respiratoria mitocondrial de estas personas. Ver al respecto nuestro documental CÁNCER & CIVILIZACIÓN. En Busca de la Salud Perdida.

No hay, pues, tal misterio. La total falta de cáncer entre los Inuit, los Yupik y otros pueblos del Ártico, se debía a la preservación de la función mitocondrial gracias a su peculiar dieta animal, y al continuo ejercicio. Incluso tomando en cuenta la relativa ausencia de carcinógenos ambientales, el régimen paleolítico de nutrición y trabajo físico impide las enfermedades degenerativas. Para resumir este hallazgo de nuestro grupo de investigación, el enigma de los Inuit se explica por glucemias bajísimas, ayunos frecuentes, alta presión parcial tisular de oxígeno (ptiO2) y abundantes micronutrientes. La alimentación Inuit tradicional, consistía en grasa y carne animal, la cual consumían cruda. El sostenido esfuerzo físico de la vida de los cazadores/forrajeros implica no solo glucemias muy bajas (promedio 63 ±4 mg/dL), sino también un formidable caudal circulatorio que sostiene una gran perfusión de oxígeno en los órganos. La abundante ptiO2, combinado con el amplio aporte de coenzimas respiratorias (micronutrientes) provenientes de la carne y grasa crudas, protege la función mitocondrial, evitando el corrimiento hacia la glucólisis fermentativa en los órganos bajo intensa demanda funcional.

 

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Ernesto Prieto Gratacós.

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

 Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

 

REFERENCIAS:

A systematic review of the evidence supporting a causal link between dietary factors and coronary heart disease. Mente A, de Koning L, Shannon HS, Anand SS. Arch Intern Med.

Meta-analysis of prospective cohort studies evaluating the association of saturated fat with cardiovascular disease Patty W Siri-Tarino Qi Sun Frank B Hu Ronald M Krauss The American Journal of Clinical Nutrition

Egg consumption and risk of coronary heart disease and stroke: dose-response meta-analysis of prospective cohort studies. BMJ 2013

Low-Fat Dietary Pattern and Risk of Cardiovascular Disease. The Women's Health Initiative Randomized Controlled Dietary Modification Trial Barbara V. Howard, PhD; Linda Van Horn, PhD; Judith Hsia, MD; et al JAMA. 2006

Multiple Risk Factor Intervention Trial Risk Factor Changes and Mortality Results JAMA. 1982

Consumption of Trans Fatty Acids Is Related to Plasma Biomarkers of Inflammation and Endothelial Dysfunction Esther Lopez-Garcia Matthias B. Schulze James B. Meigs JoAnn E. MansonNader Rifai Meir J. Stampfer Walter C. Willett Frank B. Hu  The Journal of Nutrition

Hu FB, et al. Trends in the Incidence of Coronary Heart Disease and Changes in Diet and Lifestyle in Women. The New England Journal of Medicine, 2000.

Framingham Heart Study, Heart Disease Goes up as People Replace Heart-Healthy Butter with Toxic Margarine

Gillman MW, et al. Margarine intake and subsequent coronary heart disease in men. Epidemiology, 1997. Photo source: Whole Health Source.

The expensive-tissue hypothesis—the brain and the digestive-system in human and primate evolution. Curr. Anthropol. L.C, Wheeler P

The social nature of primate cognition. Proc. R. Soc. B. 272, 1865– Henzi P Barrett L,

Bioenegetics and growth. New York, NY: Reinhold Brody S