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Blog de Terapia Metabólica

LA PIEDRA ROSETTA DE LA BIOLOGÍA TUMORAL

enero 5, 2020

La complejísima conducta de las células cancerosas, plagada de anomalías, contradicciones y paradojas fisiológicas, ha tenido perplejos a los investigadores durante los últimos 120 años. A pesar del avance de nuestra civilización en otras áreas de la medicina, las claves para comprender la biología de los tumores han permanecido ocultas –o así creían los investigadores ortodoxos- durante todo el siglo veinte. Varios ejemplos de esta complejidad saltan pronto a la vista. El primero, la autofagia, un ancestral mecanismo de supervivencia contra la hambruna presente en todos los organismos de este planeta, que consiste en consumir las propias estructuras celulares durante los periodos de escasez nutricional. Resulta que, por su efecto renovador sobre los orgánulos productores de energía en nuestras células (las mitocondrias), la autofagia confiere protección contra el cáncer en los animales superiores.... esto es, hasta que el animal en cuestión contrae cáncer. En un organismo que ya ha contraído cáncer, la autofagia de hecho preserva a las células tumorales, tanto que se están explorando fármacos citotóxicos para bloquear la autofagia de las células cancerosas durante el periodo en que el paciente recibe quimioterapia.

Otra conspicua rareza del cáncer es el hecho de que múltiples agresiones biológicas -que nada tiene que ver entre sí- puedan iniciar la tumorogénesis, un fenómeno patológico rígidamente definido por eventos celulares fijos y específicos: anulación de la apoptosis, reprogramación del metabolismo energético, secreción de factores pro-angiogénicos, etc. No menos sorprendente es el fenómeno de la evasión inmune, que trae perplejos a los investigadores, quienes no se logran explicar la capacidad de las células tumorales para pasar inadvertidas frente a las células defensivas de nuestro Sistema Inmunológico, que evolucionaron precisamente para descubrir microorganismos invasores y detectar anomalías estructurales y funcionales en el interior del cuerpo. Es esta suerte de jeroglífico biológico el que nos empeñamos en entender, con modesto éxito, durante el último siglo. Por fortuna, existe una clave –una especie de Piedra Rosetta- para descifrar el enigma de las células neoplásicas: esta clave es el efecto Warburg.

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Fig.1 Quizá el mas valioso tesoro del British Museum, la Piedra Rosetta consiste en un bloque de piedra (granodiorita) descubierto en Egipto en 1799, con una estela inscrita conteniendo un mismo decreto en tres idiomas diferentes. Emitido en el año 196 AC, durante la dinastía Ptolomeica, el texto es esencialmente idéntico en sus tres versiones: la superior, en escritura jeroglífica antigua, la central, en escritura demótica (popular) y la inferior, en griego clásico. La comparación de estos textos proveyó la clave para descifrar los jeroglíficos, permitiendo comprender la civilización egipcia. El estudio experimental del efecto Warburg (la anaerobiosis facultativa de las células cancerosas) ha provisto las claves para  comprender no solo los aspectos fundamentales del cáncer, sino también diseñar tratamientos efectivos y no tóxicos que bloquean el peculiar metabolismo tumoral.

Las células neoplásicas son "indiferentes" al oxígeno. Esta observación hecha por el premio Nobel Otto Warburg, establece una analogía con cierto tipo de bacterias que pueden prosperar en su medio ambiente tanto en condiciones de hipoxia como de normoxia: Cuando hay suficiente oxígeno, estas bacterias utilizan la respiración como vía de obtención de energía, pero cuando no hay oxígeno, utilizan la fermentación (glucólisis). Utilizando la ingeniosa tecnología diseñada por él mismo, Warburg demostró que las células cancerosas exhiben una dependencia de la glucólisis (fermentación de glucosa) independiente de la presencia de oxígeno. A este peculiar fenómeno, que el denomino la anaerobiosis facultativa de las células cancerosas, le seguimos llamando “efecto Warburg”. Es así que sus observaciones experimentales permitieron entender porqué las células cancerosas se comportan como lo hacen. Es gracias a las investigaciones de Otto Warburg -la "Piedra Rosetta" de la biología tumoral- que pudimos diseñar la Terapia Metabólica del Cáncer, una serie de intervenciones bioenergéticas para bloquear la producción de ATP en las células neoplásicas, que constituyen un tratamiento no tóxico y costo-efectivo para los tumores sólidos.

Ernesto Prieto Gratacós.

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

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