Blog de Terapia Metabólica

RADICALES LIBRES Y DAÑO ESTOCÁSTICO DE LA RADIACIÓN.

enero 2, 2018

                                                                                                                                       “Nada en esta vida debe ser temido, sino comprendido. 

                                                                                                                                        Es hora ya de comprender más, para temer menos”. 

                                                                                                                                                                                                                  Marie Curie

El punto en común que tienen todos los carcinógenos ambientales es el daño a la función mitocondrial. Ya sea que se trate de irritantes, de venenos respiratorios (oligotoxinas) o de radiación de alta energía, cualquier disruptor de la respiración celular puede ocasionar cáncer en un tejido bajo demanda funcional intensa. Estos eventos carcinogénicos, demostrados experimentalmente por Otto Warburg, Dean Burk y otros, que incluyen también la hipoxia, son independientes de la presencia de mutágenos, y anteceden de hecho a cualquier aberración genómica.

Para evitar la angustia del lector, nos apresuramos a informar que una inmediata defensa contra el deterioro mitocondrial generado por radicales libres del oxígeno es, precisamente, la sistemática suplementación con un complejo antioxidante de espectro y potencia adecuados. Ver descripción de este diseño farmacológico abajo.

La fuente primaria de radicales libres del oxígeno, o RLO, es por supuesto nuestro propio metabolismo oxidativo, que abordaremos próximamente, pero para los propósitos de esta serie de artículos debemos concluir antes el análisis de las fuentes exógenas. Hemos venido describiendo el posible potencial carcinogénico de la radiación antropogénica en cuyo centro mismo se encuentran los radicales libres del oxígeno generados por esta, y el daño estructural que ellos causan a las sensibles cadenas enzimáticas de las crestas mitocondriales internas (respirasomas). El razonamiento convencional gira en torno al daño causado al ADN pero, al presente, la opinión de nuestro grupo es que la clave del asunto es el daño a la capacidad para la fosforilación oxidativa en las mitocondrias, y no improbables mutaciones genéticas.

En definitiva, ¿Qué dosis de radiación es dañina?

Cuando la intensidad de la radiación recibida es superior a 100 mSv, los daños al tejido vivo son siempre inmediatos y evidentes: quemaduras, náuseas, destrucción de las células sanguíneas, etc.1, y se habla por tanto de daño DETERMINÍSTICO. Sin embargo, con una exposición a niveles de radiación inferiores a 100 mSv, los trastornos que podrían producirse dependen también aleatoriamente de otras condiciones orgánicas de gran variabilidad. En este caso, la aparición de cáncer no puede predecirse a la escala de un único individuo. Es por ello que la incidencia de cáncer como consecuencia de dosis bajas de radiación ionizante solo puede ser descrita en términos de probabilidad, por lo cual hablamos de daño ESTOCÁSTICO. Ejemplos: En la década de 1930, el 2% de las trabajadoras que decoraban relojes (cuya pintura contenía uranio) desarrollaron cáncer de lengua, mandíbula, etc. Antes del uso de máscaras especiales, los mineros que extraían uranio en los años cincuenta contraían 40% más de cáncer de pulmón que los trabajadores comunes. Las mujeres sometidas en su juventud a fluoroscopías padecieron el doble de cáncer de mama que las que no utilizaron esa herramienta de diagnóstico radiológico.

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Fig.1 Las dosis focales, en un órgano, que se reciben en una tomografía ordinaria (requiriendo por lo común dos o tres barridos) estan en el rango de radiaciones del que se tiene evidencia directa del incremento del riesgo de contraer cáncer.  

Es poco probable que las relativamente pequeñas dosis de radionucleídos emitidas por plantas nucleares debidamente reguladas tengan realmente el efecto dañino que el público y algunos profesionales temen. De hecho, en comparación con el masivo daño ambiental que producen las plantas energéticas de carbón, las centrales termonucleares2 son una alternativa energética cien veces más limpia. En Medicina, sin embargo, el problema con la radiación diagnóstica indiscriminada y, muy especialmente, con la radioterapia, es que no solo las dosis totales de radiación terminan siendo superiores a 100 mSv (el umbral de daño celular) sino que la intensidad o ratio de aplicación de dicha dosis es enorme. La biología molecular y la microdosimetría implicadas en estos estudios es compleja, pero no resulta difícil entender como una tomografía PET expone al sujeto del estudio a entre 25 y 45 mSv (equivalente a la radiación natural de fondo de 1-2 décadas) de manera concentrada en el curso de media hora.(1) No es en absoluto lo mismo tomar una aspirina diaria durante un año, que tomar 365 aspirinas de una sola sentada. El daño celular causado por la radiación puede ser reparado si la dosis total es recibida progresivamente, a lo largo del tiempo. Los sistemas antioxidantes y los mecanismos de reparación celular tienen así la oportunidad de ser efectivos. La intensidad de la dosis es pues crucial y debe considerarse en el cómputo de los efectos a largo plazo de dicha irradiación. Se ha constatado un incremento de riesgo de cáncer en los sobrevivientes de explosiones atómicas –cuya dosis de exposición promedio fue de 40 mSv, dosis equivalente a la de los estudios actuales como la tomografía por emisión de positrones o PET, de los cuales una persona puede recibir varios en un corto periodo.(2-4)

Estudios más recientes basados en el seguimiento de más de cuatrocientos mil trabajadores expuestos a radiación industrial (dosis promedio de 20 mSv) mostró una significativa correlación entre la dosis de radiación recibida y la mortalidad por cáncer.(5,6) 

Pero, ¡Las tomografías sí pueden ayudar a salvar vidas!

Dada la importancia diagnóstica que tienen estas técnicas imagenológicas es importante entonces sopesar los riesgos y beneficios adecuadamente. La primera y más obvia manera de disminuir el impacto carcinogénico de la radiación es por supuesto restringir su uso a lo estrictamente necesario, al tiempo que deben estandarizarse los procedimientos para hacer más eficientes las aplicaciones. Para esto serán necesarias masivas campañas de educación profesional y varias regulaciones específicas.

Una intensa discusión está teniendo lugar en torno a los potenciales riesgos de las tomografías y similares estudios, y su relación riesgo/recompensa. Es de esperar también que nuevas técnicas no dañinas de diagnóstico surjan en el futuro próximo. Mientras tanto, la suplementación sistemática con complejos antioxidantes de gran potencia, como el siguiente, es una herramienta eficaz y accesible para prevenir el daño por radicales libres:

LISTA DE SUPLEMENTOS. La dosis diaria a ingerir -en dos tomas, una tras cada comida copiosa- es la siguiente: Tocoferol (Vit. E) 600 IU, PABA 50 mg, Palmitato (Vit. A) 2.000 IU, Hesperidina 200 mg, Colecalciferol (Vit. D3) 2.000 IU, Biotina 500 µg, Tiamina (B.1) 200 mg, Inositol 200 mg, Riboflavina (B.2) 200 mg, BHT 350 mg, Niacina (B.3) 200 mg, Colina 250 mg, Ácido pantoténico (B.5), 300 mg Zinc 25 mg, Piridoxina (B.6), 50 mg, Ascorbato 5.00 0 mg, Cianocobalamina (B.12) 500 µg, Folato 10.000 µg, Betacaroteno 10.000 IU, Selenio 75 µg, Menaquinonas (K2) 5 mg, Ácido R-Lipóico 200 mg. De manera separada, debido al volumen, debe incorporarse tambien a diario un suplemento de Magnesio (400 mg). 

Por razones regulatorias, ninguna formulacion vitaminica comercial puede proveer estas dosis -que nada tienen que ver con la CMI (o Cantidad Mínima Indispensable para no morir de una enfermedad carencial). Es perfectamente posible, y mucho mas económico,  encargar esta clase de combinaciones a un dispensario farmacéutico que prepare fórmulas magistrales. Dado que se trata de un uso meta-nutricional o farmacológico, los tratamientos con megadosis vitamínicas deben ser indicados y controlados por un médico competente. NO SE AUTOMEDIQUE. 

 

 Nuevo llamado a la acción 

 

Ernesto Prieto Gratacós.

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

 Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

 

REFERENCIAS:

1- Radiation doses and cancer risks from breast imaging studies. Hendrick RE Radiology 2010

2- Studies of mortality of atomic bomb survivors. Report 13: Solid cancer and non-cancer disease mortality: 1950-1997. Preston DL, Shimizu Y, Pierce DA, Suyama A, Mabuchi K. Radiat Res 2003

3- Radiation-related cancer risks at low doses among atomic bomb survivors. Pierce DA, Preston DL. Radiat Res 2000

4- Solid cancer incidence in atomic bomb survivors: 1958-1998. Preston DL, Ron E, Tokuoka S, et al. Radiat Res 2007

5- The 15-country collaborative study of cancer risk among radiation workers in the nuclear industry: estimates of radiation-related cancer risks. Cardis E, Vrijheid M, Blettner M, et al. Radiat Res 2007

6- Risk of cancer after low doses of ionising radiation: retrospective cohort study in 15 countries. Cardis E, Vrijheid M, Blettner M, et al. BMJ 2005

Notas:

[1] Los efectos determinísticos dependen de la dosis de radiación ionizante recibida, la masa del organismo que la recibe, y la naturaleza del órgano más expuesto.

[2] United Nations Scientific Committee on the Effects of Atomic Radiation (UNSCEAR 1994) “Sources and Effects of Ionizing Radiation; Report to the General Assembly, with Scientific Annexes.” New York, N.Y. United Nations, Annex B.

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