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Blog de Terapia Metabólica

Terapia Metabólica en la LEUCEMIA

junio 23, 2018

A diferencia de los tumores sólidos comunes, que ocurren en los órganos, existe una clase de cáncer que afecta las células de nuestra sangre: la leucemia, así llamada porque se manifiesta en un masivo incremento de leucocitos, células del Sistema Inmune. El sitio de origen de este trastorno es, por supuesto, la médula ósea, órgano productor tanto de eritrocitos como de leucocitos, encargados respectivamente del transporte de oxígeno (glóbulos rojos) y de las funciones defensivas (glóbulos blancos).

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Fig.1  Vista al microscopio, la sangre leucémica muestra una desmesurada cantidad de glóbulos blancos (teñidos aquí con hematoxilina). Comparada con la sangre normal, mostrada a la derecha, la proporción de leucocitos supera fácilmente el 20%. Sea cual fuere su modalidad o subtipo –linfocítico, mieloide, etc.- la leucemia implica una sobre-producción de células blancas anormales en la médula ósea. Involucradas normalmente en la defensa contra las infecciones, estas células aberrantes no tienen la eficiencia de los leucocitos sanos, y además abarrotan los espacios fisiológicos de las células normales. Ambas razones se conjugan pues, dando síntomas como fatiga (por anemia) e inmunodeficiencia (por incompetencia celular).

Desde principios del Siglo XIX, se había descrito esta enfermedad que producía síntomas característicos. Bautizada originalmente en 1845 por Rudolf Virchow como leukämie (del griego λευκός, blanco, y αἷμα, sangre), el análisis de la médula ósea de las personas enfermas mostró una extraña y peculiar coloración. Descrita como “verde-amarillo sucio” por el patólogo Franz Neumann, este aspecto patologico de dicho tejido -normalmente rosado- permitió concluir que la leucemia provenía de un trastorno funcional de la médula ósea. 

Previniendo la leucemia y otras enfermedades hemato-oncológicas.

Se reconoce ampliamente que la exposición a la radiación antropogénica (producida por el hombre), toxinas como el benceno y otros derivados del petróleo, derivados de la combustión -cigarrillo, carbón, neumáticos-, ciertos tintes y -en una amarga ironía- varias quimioterapias conocidas como agentes alquilantes, pueden generar leucemia. A pesar de su razonable éxito en el tratamiento, la visión oncológica clásica no ofrece una explicación plausible de la causa primaria de la leucemia. Nuestro grupo ha desarrollado la noción de la crisis mitocondrial bajo demanda funcional intensa, que no solo tiene sustento experimental (ref) sino que es congruente con las observaciones clínicas y epidemiológicas.(ref) Desde esta perspectiva, las infecciones frecuentes, ya sean respiratorias o de otro tipo, imponen una repetida demanda funcional sobre la médula ósea, obligándola a grandes esfuerzos de producción de leucocitos. Cuando las demandas funcionales sobre un órgano no pueden ser satisfechas bajo condiciones celulares de oxidación aeróbica -ciclo de Krebs acoplado a una eficiente fosforilación oxidativa- los tejidos en reparación o hiperproducción de células se ven forzados a continuar su proliferación bajo un régimen anaeróbico: la glucólisis (cuyo producto es el ácido pirúvico) acoplada a la fermentación (que genera ácido láctico). Es en este sentido que la suplementación sistemática con todas las vitaminas del complejo B y con ácido ascórbico en CANTIDADES META-NUTRICIONALES así como el mantenimiento de una adecuada densidad mitocondrial por medio de ejercicios intensos frecuentes y ayunos periódicos, constituyen un sistema de prevención de las leucemias y virtualmente de toda otra forma de cáncer. 

El tratamiento citotóxico convencional sí es útil en la leucemia.

Dependiendo del tipo de célula blanca afectada y de la celeridad del proceso, la leucemia se divide técnicamente en linfocítica o mielógena, aguda o crónica. El tipo más frecuente en niños, la leucemia linfocítica (linfoblástica) aguda tiene hoy día una supervivencia quinquenal superior al 80% gracias a la quimioterapia, cuya experimentación original se debe a Sidney Farber. Tras haber observado modestas mejorías con aminopterin (denominación inicial del metotrexato) un análogo estructural del ácido fólico, Farber introdujo tras la segunda guerra mundial la noción de envenenar a los leucocitos en rápida división con un derivado tóxico del gas mostaza.   

El éxito terapéutico del abordaje citotóxico es notablemente alto en el caso de un subtipo -Leucemia Mieloide Crónica o LMC- en que la supervivencia quinquenal ronda en general el 65%, pero salta a casi 90% en aquellos individuos cuyo cáncer expresa cierta mutación genética. En las personas con LMC que tienen esta mutación, la droga imatinib es capaz de producir remisiones permanentes (cura) en nueve de cada diez pacientes. Lamentablemente, esta clase de éxito de la quimioterapia dista abismalmente de ser la norma, ya que las leucemias constituyen apenas el 2% o 3% de la incidencia de cáncer en el mundo. Para los tumores sólidos comunes, una vez que ha pasado la fase operable, las drogas citotóxicas tienen escasa contribución a la supervivencia.(ref)

Sin que importe qué modalidad de tratamiento citotóxico se adopte, las intervenciones de tipo metabólico como la dieta cetogénica estricta y el uso de análogos estructurales de la glucosa, la glutamina, y sus metabolitos tienen un rol importante en este abordaje. Es mediante la integración de la nutrición, las correcciones enzimáticas (inhibición competitiva y no competitiva) del metabolismo de las células neoplásicas, que se puede superar el actual grado de remisión de las patologías hemato-oncológicas.

DISCLAIMER: Este artículo es solo de divulgación, y NO CONSTITUYE CONSULTA MEDICA NI INDICACIÓN TERAPÉUTICA alguna. Consulte a su médico y no emprenda ninguna acción sobre su salud sin la indicación expresa de éste por medio de una prescripción facultativa firmada y sellada.

 

Ernesto Prieto Gratacós.

Laboratorio de Terapia Metabólica, Buenos Aires.

 Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución -NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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REFERENCIAS